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Oscar Portela
Luisa Mercedes Levinson o las Potencias del Mito
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LOS CONTRARIOS Y LA REPETICION
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"A la sombra del Búho" aguza hasta el extremo la lucha de los contrarios hasta permitir que la serie se "re-pita", reenviando los arquetipos hacia el oscuro abismo del no fundamento donde el Uno estalla en las líneas de fuerza de los agenciamientos múltiples y sin origen del deseo.

Repitiendo el Mito, haciéndolo imposible, deconstruyéndolo en sus excesos o si se quiere destruyéndolo en la "parodia", para liberarlo de toda mistificación estética-literaria o bien filosófica, Luisa Mercedes Levinson hace que nuevamente la poesía se constituya en el verdadero y único "mito" del futuro. En el abismo ontológico del sexo, bien y mal, Dios y Hombre, Creador y Libertad increada (el mal que Dios debió de ser a riesgo de perderse en su creación), Dios y Demonio, son líneas de fuerza, maneras de querer la Unidad de la "differance". "A la sombra del Búho" eleva premonitoriamente el mito hasta un espacio cósmico, no centrado ya en las leyes contrapuestas del cielo y de la tierra. En un magnífico fragmento dice Luisa Mercedes Levinson: "Pueden ponerse unos pedazos para acá y otros para allá, la nariz en una nalga y un ojo en cada codo. El bien con el mal, la gangrena con el espíritu, el ángel de la guarda con el ángel caído en la parrilla...", "Para ustedes, los bisabuelos estaban las inscripciones en la piedra: por aquí el bien, por allá el mal, abajo, las tinieblas, arriba la luz ¡qué suertudos!. Pero si hubieran subidos a los espacios, qué sin sentido resulta eso. Acá no hay arriba ni abajo, todo está mezclado, hecho una pasta. Caramba, cómo me gustaría agarrarme a algo verdadero, sólido. Pronto, necesito algo, aunque sea un dolor de muelas de esas que hacen temblar los mundos, cualquier cosa para que no sea víctima de la vacuidad... Pero nada es inédito. La tierra como un útero cualquiera sólo es una máquina de repetición en serie... Importa entonces ser o no ser?. Al que ya está muerto ¿qué le importa morir?". Más allá de la parodia acera de la esencia, Luisa Mercedes Levinson sabe que las presencia sólo son posibles en el lenguaje, y que éste, si, cargado catexizado hasta la parodia, hace estallar los mundos y anonadar las presencias. Así Luisa Mercedes Levinson anuncia el fin, (el ocultamiento) y el retorno (la presencia) de los Mitos. Sabe que el suicidio del Yo equivale a la muerte de Dios-Uno. Por eso los gatos - símbolo de la tierra de la caída - preguntan a Walter Loo: "Clamarás por Lilith o por Eva?". Engendrar de nuevo a Eva: es ese el desafío. Eva más acá de la muerte donde se borran las huella de la caída, un cuerpo lleno y puro donde el saber no conlleva el estigma del tiempo. Una Eva que puede exclamar como Felicitas en una cueva: "En Universo". Hombre nacido en el centro del cosmos, al fin en armonía con las energías que mueven y regulan el curso del destino de la naturaleza, desocultada y manifestada a los afanes de dominio de la oculta esencia de la técnica. Ya no naturaleza, sino solo ente en su manifiesta presencia, oculta ella y sus dioses al corazón deshumanizado del animal llamado hombre.

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EL PROBLEMA DEL MAL: DUALISMO Y MONISMO
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El furor que guía la polémica levinsoniana se mueve en dos ámbitos - como decía Paracelso - el mal no es sino el bien pervertido, por una parte y por el otro contra la técnica moderna, es decir, contra la constitución "ontoteológica" de la metafísica, que funda en la parusía de la presencia la esencia de los sagrado, de lo que es, liberándolo todo al oculto imperio del dominio de la técnica, que se mueve allí donde sólo se manifiesta como preter-dada la presencia de lo presente.

Salía de sus libros - sus libros eran apenas escondrijos errantes de lo que decía, de lo que aparecía, era lo que sugería - Su permanencia no detiene el tiempo: ella desencadena el tiempo.

Luisa Mercedes Levinson no trata de hacer delirar a la lógica, sino hallar la fascinante lógica de la maravilla. El gran órgano que se mueve con la constitución y de construcción permanente del mito, es decir, de la esencia del lenguaje por el cual estamos atados al poder oír unos de otros y habitar y "errar en un mundo "interpretado", como escribía Rilke. Por un lado Luisa Levinson se inclina hacía un monismo en el cual se borran falsamente todas las diferencias, hacia una unidad anterior a la "diferencia" entre ser y ente. En ese sentido y paradójicamente, tiende a fortalecer la meta física del Uno es Todo hundiéndose en una mística desde la cual se destierra la multilateralidad de la pluralidad y por el otro, al permitir encontrar la constitución maravillosa del tejido de la escritura, reconoce la imposibilidad del nombre Unico.

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