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HUGO GONZÁLEZ
LA BACANERÍA,
Planetaria y Libertaria
 
La bacanería es una clase de fenómeno de la vida síquica y social 
 

Sentido original:  

La palabra bacán, voz genovesa (del latín Baccan) servia para identificar al capitán de barco, al jefe de familia. El termino está asociado al vocablo báculo, bastón ceremonial símbolo de autoridad. La palabra desembarca con los inmigrantes en Buenos Aires y como voz del lunfardo se expande con el tango por toda América. En el Caribe la palabra se relacionó con la celebración de la vida, la música, el baile, las fiestas populares. Y ahora en una recursión fractalizada, se expande alegre por el espacio cibernético con un sentido de goce intimo, un sentido biológico planetario de amistad, cooperación y solidaridad social.  

 
Como proyecto de vida planetaria en la utopía bacana :
 

Para los bacanes y bacanas la bacanería es algo muy serio, es un proyecto de vida que conlleva una valoración ética. Algunos bacanes y bacanas perciben la distancia entre "el mundo como es" y "el mundo cómo debe ser" y asumen a la bacanería como un proyecto libertario que se ejecuta en el presente. Un proyecto igualitario para realizar en la diversidad acrática de la deriva biológica.    

Un sentido emotivo:  

Cuando tenemos ánimo positivo, cuando experimentamos sensaciones agradables, cuando nos encontramos inmersos en alguna circunstancia gratificante, decimos que estamos en un goce bacano.  

El primer contacto emotivo que tuvimos todos con la bacanería fue en el momento del nacimiento, en ese estado de total indefensión recibimos el trato amoroso, los cuidados, que nos permiten decir ahora que somos humanos.  

El fenómeno contemporáneo llamado bacanería lo consideramos como una manifestación cultural de un acontecimiento biológico presente con nosotros los humanos desde siempre. Se sabe que las interacciones basadas en la colaboración y la coordinación son las que nos han permitido en nuestra deriva natural convertirnos en y evolucionar como seres humanos.

Un sentido ético:  

Reconocemos a la bacanería como una práctica milenaria de la especie, en la que existe marcada atención en considerar las consecuencias que nuestras acciones tienen sobre los otros. Hemos desarrollado y mantenemos una ética que obedece a nuestra condición biológica, derivada de la capacidad de actuar con la conciencia de pertenecer a un grupo y encontrar soluciones creativas a las dificultades colectivas de ese grupo, a estas conductas se le reconoce científicamente como una forma de inteligencia que, por sus repercusiones en el grupo, se denomina inteligencia social; es decir, el individuo actúa con la conciencia de saber que su comportamiento individual afecta al grupo y que el grupo lo afecta a él; sociable dentro de lo social, estableciendo las coordinaciones mínimas para la convivencia social, acepta la condición humana del otro.  

Decimos bacano a lo sincero, a lo auténtico. Familiarmente calificamos como bacanas a las personas que actúan "a lo bien".    

Como sinónimo de alegría:  

El alegrarse en la bacanería no es la celebración sin control de todo lo que en la vida sucede, ni la indiferencia o el desprecio mezquino del dolor ajeno. Es la alegría de sentirse humano entre humanos.

 
Un sentido social:
 
En nuestra propia vecindad se sabe que sólo son bacanas aquellas relaciones de convivencia que se fundan en la aceptación del otro sin exigencias. En esas convivencias bacanas no se necesita más distinción que la que nos permite concebirnos como seres humanos y reconocer esa misma condición en los otros. Son bacanas la cooperación en el trabajo, la preferencia por el diálogo, el respeto por la vida humana en el ecosistema.  

Como fenómeno cultural:  

La presencia de la bacanería la reconocemos en todas las culturas del mundo. Concibiendo a la cultura como un todo que no deja por fuera ningún aspecto de la vida: la forma en que respiramos, lo que comemos, lo individual, lo social, lo económico, lo religioso, la educación, la salud, el poder político, etc. Reconocemos que en cada una de nuestras conductas, en nuestra propia concepción del yo, en nuestros sueños, en los sentimientos más íntimos, está presente la cultura. La bacanería no es exclusiva de nuestro barrio, ni de una determinada región, sino que se extiende a todos los seres humanos. La bacanería es entonces planetaria.  

Un sentido de resistencia autopoíetica pacifista:  

Muchos distinguen bacanear de tolerar. En la tolerancia hay un velado aplazamiento de la negación del otro, en cambio en un ambiente con bacanería al otro de inmediato se le reconoce su condición de ser humano.  

La bacanería es nuestra propia manera de concebir la vida con justicia social. Es un valioso recurso anímico social para impulsar y acompañar cualquier intento de detener la negación de tantas vidas. Sabemos que los seres humanos somos lo suficientemente inteligentes para autotransformarmos. Que tenemos la capacidad para autocumplir nuestra propia profecía, creemos que aún es posible construirnos un planeta con convivencia pacífica.    

La bacanería como resiliencia, la salud mental de la lucha:  

Todos conocemos a personas y ciertos grupos humanos que no se arrugan en la adversidad. Conocemos a muchos bacanes y bacanas, que en medio de las mayores penurias, tienen la capacidad para resistir la contingencia, el trauma, el estrés, sin quebrarse y salir robustecidos en el proceso. Es entonces que podemos afirmar que la bacanería es muy útil, tanto individual como colectivamente, porque permite mantener el animo, la lucha, la resistencia cultural a la malparidez cósmica. La bacanería ayuda a mantener la salud mental del individuo y de los pueblos mediante el mantenimiento del goce de la emoción biológica de existir, de experimentar la alegría de vivir. Es igualmente útil como terapia para que las gentes perturbadas por el dolor de la guerra superen el infortunio. Las ciencias que estudian los fenómenos síquicos y sociales llaman a esta capacidad Resiliencia.  

La bacanería como experiencia estética:  

La mayoría de nosotros sabe que la emoción de la bacanería, se expresa con tal libertad estilística y multiplicidad de manifestaciones, medios y expresiones, que no admite que pueda ser reducida a un estereotipo, dogma o ropaje. Los bacanes y bacanas encuentran similitudes donde en apariencia sólo hay diferencias, encuentran conexiones en aspectos que parecían sin relación. Aceptamos que la cultura nos transforma en la misma forma en que nosotros la transformamos.

Reconocemos como una emoción bacana la que sentimos cuando entramos en contacto con una manifestación artística. El arte se experimenta de esta manera como un estado alterado de conciencia. Las neurociencias han creído localizar esta emoción en el lóbulo temporal derecho del cerebro, en un supuesto e incierto umbral biológico-racional, emotivo-cultural, en el mismo sitio donde se produce el "éxtasis místico" producido por los enteogenos.  

Juan Baccan