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Palabras del poeta sobre Lautréamont
Ángel Pariente

La lectura de la obra de Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont, inicia lo que sería más adelante los primeros intentos de mi “Oda a Isidoro Ducasse” y mi dedicación como traductor ocasional, francotirador aficionado por gusto y sin horario, a la obra del poeta que escribió en francés y pensó en el español de su niñez uruguaya. Una primera versión del poema fue escrita en junio de 1968 y publicada en abril de 1978 en la revista española “Papeles de Sons Armadans”. Desde entonces y hasta el año 2004 de manera intermitente he ido corrigiendo y aumentando el texto hasta esta versión, quizá definitiva.

Quiero señalar la utilización, en algunos momentos de esta “Oda a Isidoro Ducasse”, de la escritura automática con “el control mínimo de la razón” que preconizaron los poetas surrealistas. No existe la escritura automática y ya Breton escribe que intentarlo es fracasar. Como este breve texto se publicará en una revista latinoamericana quiero incluir aquí unas frases de Octavio Paz, escritas en 1954: “Tal vez no sería impertinente decir lo que pienso de la ‘escritura automática’, después de haberla practicado algunas veces […]. Como experiencia me parece irrealizable, al menos de forma absoluta”

“Oda a Isidoro Ducasse” recoge versos del propio Lautréamont y de otros escritores a los que vuelvo con frecuencia: André Breton y Joyce Mansour, entre otros.

Me gustaría añadir que fui lector apasionado de Los cantos de Maldoror antes de pensar en traducirlo. Mi primera lectura en un fatigado ejemplar de una vieja edición que tradujo Julio Gómez de la Serna, me llevó, compulsivamente, a mediados de los años sesenta, a buscar la edición francesa publicada en Livre de Poche. Tal vez sería oportuno decir que esta apología del mal absoluto, esta rebelión pura que no persigue ningún fin útil, desmanteló el precario andamiaje intelectual de un joven de provincias aspirante a poeta, asfixiado habitante de una ciudad levítica. Quizá porque Los cantos de Maldoror quieren demostrar el principio de que las personas siempre albergan sentimientos deshonestos. Lautréamont es “la expresión profética de un desorden”, autor que no permite una interpretación culpable de su obra, es decir, una tergiversación favorecedora de una tesis.

¿En qué sentina de odio y venganza se abrevó el pensamiento del joven Isidore Ducasse? Acaso los rígidos enclaustramientos en internados franceses de un niño que llegaba de un país y de una infancia libre y dichosa expliquen la formación de su carácter. Muerto a los 24 años, a la entrada de la madurez, Isidoro Ducasse atraviesa con Maldoror su particular “línea de sombra”, esa frontera que es el principio del fin de todas las ilusiones.

ODA A ISIDORE DUCASSE