Antología Personal de la
Nueva Poesía Chilena
Selección y prólogo: Francisco Véjar

Armando Roa Vial
Index

DESDE LA HABITACION 27: EZRAGRAMAS

A) Invocación a Propercio

“Oh tú, miríada

que pugna, juega y pasa,

burlando, desafiando y engañando”.

Nada has dejado en pie de las viejas divinidades:

lascivas compañías o venerables anfitriones.

En un astuto simulacro

has asumido esta forma,

temblando de miedo a la intemperie del poema:

el cincelado de la rima

para que tu corazón aprenda a venerar,

para que nadie enturbie tu mañana con un testamento.

Reclamaste la piedad de Perséfone

para que la soberbia y la ruina dejaran de ensañarse,

ahora que Roma es sólo un póstumo recuerdo de Roma.

Fue el emperador quien alzó los senderos.

Pero el destino ya estaba escrito:

“no hay necesidad de consultar adivinos”.

C) VARIACIONES E INTERVALOS
Variaciones e intervalos III

En la casa de los locos

las palabras son un juego ancestral y supersticioso.

Sin disminuir el fervor de las veneraciones,

aun cuando los dioses sean menos divinos

y los hombres sean menos humanos,

entre estertores de relojes y baúles polvorientos

irrumpe el poeta y deja sin cerrar la puerta de la palabra sótano

para que la noche se desfonde escaleras abajo,

para que todo se vuelva subterráneo

hasta perder sus raíces en medio de la oscuridad.

En la profundidad devoradora de su boca

se va agolpando un vago tumulto de pensamientos muertos.

Se dice a sí mismo:

“Por algún tiempo imaginé que las palabras eran mi monasterio

y yo su último habitante.

Pero ya estoy cansado de esta farsa.

Si escribo cielo me lleno de vértigos.

Si escribo tierra me lleno de temblores.

Si escribo luz me lleno de sombras.

Si escribo hombre me lleno de dudas”

Palabras embalsamadas a la boca: espuma inmóvil,

los miedos que el sol ya no puede secar.

Variaciones e Intervalos IV

Nada le queda de notable

a este poema bajo el impulso de la luna.

En la casa de los locos

el goce es corta y mezquinamente tasado.

En la casa de los locos

no se conoce otra libertad

que la del destierro en unas cuantas palabras

que a duras penas relumbran

con los ojos apretados,

quietas en la espera,

pensando sin necesidad de pensamiento.

Nada le queda de notable

a este poema bajo el impulso de la luna:

en la casa de los locos

los años y los muros

no guardan parentesco entre sí:

despojos del firmamento –un sentimiento adecuado a nuestra imperfección-

la luna, empedrada al silencio,

cercenando la musculatura de la noche,

consagrando la muerte prematura de todas las estrellas.

(De “Hotel Celine”)
Armando Roa Vial (Santiago, 1966). Abogado. Su trabajo literario abarca la narrativa, el ensayo, la poesía y la traducción. En poesía ha publicado “El hombre de papel y otros poemas”, "El Apocalipsis de las Palabras/ La dicha de Enmudecer", "Zarabanda de la Muerte Oscura", (galardonada el año 2000 con el Premio Nacional otorgado por el Círculo de Críticos de Arte), "Estancias en homenaje a Gregorio Samsa" y “Hotel Celine”. Ha traducido la poesía selecta de Robert Browning, la poesía temprana de Ezra Pound, Macbeth de Shakespeare y, también, la elegía anglosajona del siglo IX "El Navegante". Es asimismo autor del ensayo "Elogio de la Melancolía", del volúmen de relatos "Para no morir tan despacio" y de las antologías "Ezra Pound. Homenaje desde Chile", en coautoría con Armando Uribe, y "La invención de Chile", en coautoría con Jorge Teillier. El año 2002 obtuvo el premio Pablo Neruda.
 

 

 

 




 



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