Héctor Hernández Montecinos

NGC 224 - INDEX

EL BOSQUE DE MUROS

Las constelaciones son bosques. Las estrellas están unidas por sus raíces.

Es cierto, los perros se reirán y seguirán comiendo moscas. Al anochecer las que se salvaron huirán y las polillas despertarán de sus nidos en los árboles. Los bosques son constelaciones. Todo lo que brilla morirá.

*

El valle entero resplandece porque está lleno de huesos y larvas. No siempre fue así. Antes la aurora era inmortal y su nombre tenía sílabas, era como una música que ardía, era como una rescritura en el horizonte.

*

La ciudad del cielo de México es un lago. Las tempestades y los vientos son tipos de árboles nocturnos que zumban como los libros o la luna. Ayer soñamos en vivir en casas, pero luego nos dio miedo porque se afiebran y encienden o porque los tigres pueden entrar. Niño de las estrellas, esta noche me perderé sólo para resucitar contigo mañana.

*

Las hojas caen. El libro se ha ido. Escribiremos nuestros nombres en los troncos y un pájaro carpintero los borrará. Se los lleva cerca de una fogata donde unos escarabajos al rojo vivo con alas de león y del color de las vocales del murciélago juegan con unos niños, eran cuatro niños que tenían nombres de agua.

*

Los bosques pueden quemarse. Los leñadores flotan en el espacio excavando hoyos negros como si fueran palabras. Lees y escriben mientras las piedras se consumen antes de concluir el día. Las nubes chocan con las estrellas y el Niño me abraza. Qué regocijo mirarlo pero no a estas piedras que forman un muro invisible.

No las mires le digo, no veras nada más que pájaros y peces que son lo mismo, pero en diferente tiempo.

*

Camino por en medio del bosque, los signos animales se pasean comiendo tréboles y letras que brotan del suelo. Allí están, como una rescritura. Si no me creen, lean, lean esto.

*

El Niño de las estrellas posa sus ojos. Parece soñar con la noche que quedó ciego por el sol. Escribir con las manos mientras el muro sigue avanzando. Los animales huyen. Los signos también. Los escarabajos al rojo vivo llegan con restos de niños quemados.

*

Todo lo que miré se murió de placer. Cubrí mis ojos con anemómetros, barómetros, termómetros, higrómetros, pluviómetros, pero el huracán se los llevó.

Sin ojos todo es noche
el silencio es un color
¿Escuchas una lengua muerta?
son huesos de niños
¡Cierra la puerta!
son palabras que nadie ve.

Textos del libro
NGC 224
Ciudad de México: Literal, 2009

HÉCTOR HERNÁNDEZ MONTECINOS                                          
(Santiago, Chile, 1979)

Licenciado en Literatura. Doctor © en Filosofía mención Teoría del Arte. Sus libros de poesía editados entre el 2001 y el 2003 aparecen reunidos en [guión] (LOM: Stgo, 2008; Marick Press, Detroit, 2009, en inglés) y [coma] (2ª ed. LOM: Stgo, 2009) comprende su trabajo poético del 2004 al 2006. Además han aparecido los siguientes libros antológicos de su extensa obra: Putamadre (Zignos: Lima, 2005), Ay de mí (Ripio: Stgo, 2006), La poesía chilena soy yo (Mandrágora cartonera:  Cochabamba, 2007), Segunda mano (Zignos: Lima, 2007), A 1000 (Lustra editores: Lima, 2008), Livro Universal (Demonio negro, Sâo Paulo, 2008, en portugués), Poemas para muchachos en llamas (RdlPS: Ciudad de México, 2008), La Escalera (Yerba Mala cartonera: La Paz, 2008), El secreto de esta estrella (Felicita cartonera: Asunción, 2008), La interpretación de mis sueños (Moda y Pueblo: Stgo, 2008) y NGC 224 (Literal: Ciudad de México, 2009). Ha sido invitado por su obra poética a Alemania, Argentina, Brasil, Cuba, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Perú.  Desde el 2008 reside en México donde da talleres, conferencias y es editor del sello “Santa Muerte cartonera”.

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