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OSCAR PORTELA
Tutankamón
de  Oscar Portela
a Alberto Peyrano
marzo del 2005/
en cualquier año
en cualquier ciudad.
...
Despreciado el,  solo, él, solitario como un dolmen
que yace bajo la oscuridad del Sol,
quieto, solícimo, olvidado y eterno.
Un dracma, un doblón, olvidado bajo las turbias
aguas de los salados mares - así la soledad-,
un tesoro bajo las dunas del desierto,
allí donde Timón de Atenas, buscó refugio
en su dolor, lejos de toda turba humana,
solicímo, despreciando todo rebaño,
todo bálido de ternero en las garras de un aguila.
Aguila es la soledad. Despreciado, también
a la deriva, ignorante de la moneda insana
que yace bajo  sus piés, perdida, despreciados, sí,
inútil, pués para qué, para quienes balan, por que
razón, los que han optado por el fatal silencio.
Solo un bastón y todo dicho. Que la raza máldita
de la culpa, busque perdón en sus ofrendas,
que tribales en medio de becerros, canten ossanas
y así se aferren a la vida, como naufragos,
que ignoran lo que són. Y mientras tanto,
el dracma, el doblón ignorado,
siga su oscura ruta bajo las rotas botas del mendigo.
No es fuerte "el solitario", solo resiste la tempestad
y el rayo como la muerta encina: un corazón que late
aún, se llama nada, su imprecación en medio
del desierto, el aullido del lobo:
escuchad:  yo soy Tutankamón,
soy el señor del laberinto,
y aquí estoy, vivo y muerto, siempre resucitando,
y desposado aún con la maldita soledad del circulo.
Enfermedad de la tierra
a Ronny

 
Cansado estoy y enfermo de la tierra
que alguna vez me cobijo,
de algas, aguas, lunas,
y del amor del cual enamorado estuve,
y que hoy, a cuestas llevo,
como un feretro oscuro,
para de noche reposar a solas: así espero
la muerte, como elseñordel circulo,
como Ourobouros, y sin salida,
preso de aquello que borré de la memoria,
me debato entre espasmos,
pesadillas e insomnios,
buscando en el amor - buscando? -,
la muerte deseada, sin que nadie lo advierta.
Pesada eternidad, en realidad ser
inmortal es un castigo, morir mil veces
y volber , adonde, adonde,
cuando invade la nausea , espiritu del mundo,
como peste de ratas, el lenguaje
donde todo reposa.
Vengan a mi pués huracanes y tormentas,
aguas salvajes , monstruos marinos,
-todo, todo -, y que desta manera,
un angel fiero me lleve hasta
la noche del silencio, donde me acunará
la paz de una nada infinita.
De ella vine, a ella volveré,
y esta será la parusía del camino emprendido
por esta estrecha puerta de mi nombre.
Oscar Portela- 17 de marzo del 2005

 

 

 


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