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Oscar Portela
Luisa Mercedes Levinson o las Potencias del Mito
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LA TIERRA Y EL INCESTO: A LA SOMBRA DEL BUHO
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El abismo de la identidad, el vértigo del caos se abre ante nosotros. Ni
siquiera la mutilación dionísiaca de Gualterio Mendiburu y de las Casas, sucede fuera de aquello que se integra a una unidad superior. El tema del incesto y al mismo tiempo la rebelión contra un pasado irrevocable, contra la paternidad asumida bajo el aspecto saturniano. "A la sombra del Búho" convierte el carnaval de la historia en un aquelarre que comienza y termina en el pensamiento que Paul Celan llamó del umbral. La repetición de lo mismo instó a Blanchot a escribir: "repulsión - pulsión invertida, no divide más que como efecto de la repetición, la cual engendra no engendrado nada: generación sin engendramiento".

Clemence Ramoux, aclara que la tierra no alude solo a lo ctónico, sino a lo que está por debajo del umbral: "La cuestión - afirma - parece remitir, de vez en cuando, a la doble serie Tierra - Caos, separados abruptamente y, sin embargo constante y peligrosamente implicados la una en la otra". También - dicen Blanchot - se puede sugerir otras: "por un lado cosas y frases capaces de engendramiento y de consecuencias; del otro, el oscuro y vacío latido repetitivo, capaz no obstante, de dar lugar a una diferencia de nombres".

Citemos nosotros: Caos, Erebos, Tártaro - Noche, noche conforme a los tres nombres de la muerte: Moros, Kere, Thanatos. Solo más allá, solo superando el terrible pensamiento del umbral, Felicitas - Felicitas nena, Hermelita, - Melita, puede pensarse la dimensión de lo "ctónico" como "UNA VOLUNTAD RESPLANDECIENTE (QUE EXIGEN) ENTREGUE LA TIERRA A LA DIVINA EXACTITUD DEL SUEÑO" (Bataille).

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A LA SOMBRA DEL AVE DE MINERVA
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"A la sombra del Búho" edifica su historia sobre el abismo de los túneles rizomático de la calle El Aromo, pero solo para salir a la desnuda intemperie de la desterritorialización del mito, en el despliegue de lo universal como categoría metafísica de la subjetividad, en su marcha hacia lo absoluto de la conciencia de si. Walter Loo repite el estereotipo de Teseo desembarcando en Creta, pero el héroe griego, quien saldrá hacia la superficie, no será ya el mismo. Detrás de esta máscara están ahora todas las máscaras, desdoblándose hasta agotar las líneas de fuga de las huellas del sentido. El humor ausente de "La casa de los Felipes" y del sistema de
canales de riego que permite unir los planos -secuencias de "La Isla de los organilleros", preside desde la primer frase rotunda, hasta las espirales poéticas del último capítulo, este libro único, impar por su capacidad de refabular la fábula, hasta darle una dimensión de acontecimiento histórico, suspendido sobre una actualidad que exige replegarse sobre sí para mejor salir hacia el futuro.

Las condiciones para semejantes salida - las ha visto Niezsche en el olvido previo al acto de crear. En el olvido, para decirlo con palabras de Heidegger, el pasado "sosus-vient" (viene) al hombre en cuanto sus porvenir que adopta la figura del pasado. Es entonces que el pasado le adviene en lo que crea: porque eso que cree crear así no le viene del presente, sino que no es más que pronunciación de un posible anterior en el olvido momentáneo del presente (históricamente determinado)".

No se trata entonces de un retorno mitologizante hacia un pasado"irrevocable". Y menos aún de una posible resurrección de lo ancestral, sino de la voluntad de fabular, en la que el pasado o lo no sucedido de este, "sub-viene" a la voluntad creadora de mundos. La poesía nace de ese "incesante poder de metamorfosis de lo inicial" (Heidegger) que constituye una pulsión mitologizante propia de cada cuerpo, de cada piel, capaz de provocar el acto de la repetición y de proferir el grito de la diferencia. Poesía que constituye para Luisa Mercedes Levinson el Mito del Futuro: futuro como constelación que cae en la noche de la indiferencia primera, alumbrando en su caída el esplendor del descentramiento del sujeto, fetiche, del sujeto como rol, como "gadget". Eso la separa de quienes buscan en los mitos, el acceso a profundidades reveladoras de jerarquía a base de la esencia del ser. Porque el ser aquí es sólo un misterioso suceso donde se dice la línea de fuga de la diferencia. Aquí también el mito se muestra como capacidad fabuladora del deseo de eternidad, que es simulacro y no mundo real o mundo de las apariencias. Por último esta salida de la historia no significa la entrada a un laberinto de números sagrados, de máquinas binarias que funcionan como arquetipos impulsores de la realidad. Significa solo construir el orden jerárquico de las relaciones de poder que presuponen las rígidas estructuras productivas que encadenan el deseo de las carencias simbólicas.

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