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Oscar Portela
De eso no se habla
“…..el más inhóspito de los huéspedes
habita ahora mi corazón”: F. Nietzsche)

Para Jaime Serey
Norma Segades
y Estela Guedes.

EXORDIO
Camino por la veredas sucias y rotas con el cuidado que merecen mis años claudicando frente a esa luz macilenta que lo enturbia todo y el placer de decirme a mi mismo “Los Otros No Están”. Entregado a mis fantasías por minutos  camino mirando hacia el suelo y las calmas veredas son las de un antiguo y nostalgioso pueblo. No hay nada nuevo bajo las estrellan que comienzan a titilar en un verano que viene y se va como todas las estaciones de un clima convertido en el laberinto de Dedalus. Tantos años de soledad no han conseguido hacer zozobrar mis ánimos de excombatiente. Pendo de la vida como una araña de su tela. Y como ella espero que los designios de la suerte aun caiga en mis trampas.

Concentrado no miro la nadería de una expectación que se asoma al vacío. De pronto desde  la vereda opuesta el “chistido”: nada nuevo bajo las sombras indefenzas no  inquietantes de la noche que entra silenciosa en sí mismo. Ellos están semi-escondidos por la sutil defensa que los árboles - cómplices siempre-  logran interponer entre sus vidas y las de “ellos”, sombras, amparándolos de la poca luz que se derrama desde los sucios  focos de un pavimento carcomido por los años.

“¿Quienes son ellos?”. Parecen estar ahí desde siempre. Pobrecillos. No esperan nada. No esperan sino un viento que los arranque de cuajo de la cárcel de la vida. Entonces si esperan,  aunque parezca contradictorio: la nada nadeante, el vacío del alcohol mezclado con las drogas y nada más. Ellos no son "chamanes" y no vuelan. Están lejos de" Don Juan" y toda mística ocultista.
RECUERDO QUE FUE AYER
Ayer con catedráticos hablamos de la lectura – ¡¡¡ todavía hablan del sujeto!!!! – de la inclusión de los excluidos de un orden social injusto, de la fealdad de la vida, de la comunicación y las estrategias que un texto ofrece a los expósitos de la deriva metafísica, para alentar sus deseos imaginarios de vida, fascinantes Asilos de esta orfandad de todo orden que reposa en la ciega fe en la razón instrumental.

Las antiguas éticas, las religiones, el desorden agonal de una sociedad con ordenadores
técnicos que operan  sobre sus cuerpos y sus pulsiones, todo lo que concierna al orden de lo real les es “ajeno”. El mundo es vasto y cada día más ajeno. O el mundo es cada día más pequeño y no pertenece sino a la necesidad de un doble olvido. Uno de ellos me llama con una seña desde el sillón en el cual antes se sentaban los ancianos.

Pobrecillos niños-ancianos. Ellos ignoran y así lo quieren  todo lo que sucede a su alrededor. Ya vendrá el “paco” a salvarlos de la “nada”. Ningún Dios les dirige la palabra. Ningún Mahoma les exige inmolarse, ninguna utopía decide convertirlos en héroes, ningún Cristo les cura las llamas de un alma que se convierte en humo. Nadie les dice “levántense de sus tumbas” y caminen. Ningún Mao los “convierte en ejércitos” de un imposible imperio.
DEL ANCIANO (final)
Levanto la mirada. Son los mismos iconos de una sociedad que se disuelve. De un organismo que se disgrega lentamente bajo las bubas, la sífilis, el renacimiento de la lepra. La sociedad entera es un leprosario. Pero el viejo pierde la paciencia  y antepone la impaciencia a la comprensión. Me escucho decir, mira "chico" yo soy un “viejo”. Si tu quieres hablar conmigo levántate y dime lo que quieres.

Es apenas un muchacho que apaga los terrores de la tierra baldía con alcohol y drogas. Viene hacia mí tambaleándose y con los ojos enrojecido de los tiempos muertos – aquel de un  desierto que se expande y la arenilla invisible que se cuela a sus ojos por el espacio obstructor del nihilismo. Se edifican torres sí, ajenas al alma de los hombres. Casas inteligentes en las cuales apenas somos huéspedes atendidos por la moderna ingeniería robótica.

Sus imperativos llaman a la Riza de los Dioses más perversos. “Hielo, quiero hielo”. Ni tan siquiera sería útil para remar en una galera. Es un hijo de los tiempos de la errancia y no de la estancia. Nuevamente me oigo decir no “tengo nada”. ¿El hombre más feo mató a Dios? ¿Pues quien ha ocupado su lugar? ¿Acaso este simulacro de "hombre" liberado para la “nada nadeante”? “El grito”- enmudecido en la garganta”de “El eclipse”, “La noche”, los famosos tiempos muertos de Antonioni y el silencio de Dios,no su Ira. Bergman triunfando sobre Dreyer. Y la verdadera vida siempre ausente.
EL HOMBRE SIN ATRIBUTOS
“Se que la carne es triste y todo libro he leído”
“porque todo sol es cruel y toda luna triste”.

¿Existe algo nuevo bajo las estrellas de  esta noche de septiembre en un Corrientes donde comienza “Latinoamérica?. “ Lo mismo “ – la pobreza del mortal arrojado a su condición de siervo, lejos de la grandeza inicial de su destino. Lo Mismo manifestándose en la infinita metamorfosis de lo inicial que marca la “La Zona” donde "nada es nadie y nadie es nada" como apuntaba  certeramente Tarkovsky. Derechos humanos. ¿Pero que es eso de lo humano? Pobreza siempre. Solo pobreza del lenguaje. Pobreza del lenguaje seco como un río y de la palabra que se aleja. De los interrogantes que mueren de inanición y de la infinita gracia  de esa plegaria del "preguntar" para la que habíamos venido a éste mundo.

Oscar Portela- 30 de septiembre del 2006.
 

 

 

 


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