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Oscar Portela
CROMAGNONES A LA VISTA

"Desde que el hombre bajó a la luna esta no se pone más:
 es solo una estación orbital, que permite afinar
 los calculos físicos matemáticos de la ciencia moderna": Heidegger.

(A Maurice Blanchot)

 


Cuando llego al pequeño recinto, el ambiente se resiente de un entusiasmo ditirambico, con raras reminiscencias tribales o báquicas. Los habitantes de la "cueva", están absovidos individualmente por la guerra librada contra un enemigo astuto y cruel, pero al mismo tiempo, el grupo muestra entusiasmo de conjunto, en esa batalla en la cual se juega el prestigio de la familia "cromagñón" : los sofwart son cada día mas complicados, y la guerrilla impiadosa, sigilosa, puede en segundos asestar su estocada fatal: los "nerds" son los más excitados, mientras los árbitros de la elegancia, se muestran menos atávicos, y los "informales", hacen de "fans"de los "nerds": "gordito", le susurro al oído al "nerds" más obsesionado en su cacería de guerrilleros deslizándose entre las colinas del inhopito desierto,"mata un colonialista",  no todos los guerrilleros son asesinos a sueldo: no me escucha, no puede distraer ese segundo que puede poner en riesgo su vida y el de su fuerza de comando.

El entusiasmo crece con la muerte de algunos guerrilleros que caen victimas de las certeras balas de los mejores tiradores. El petiso, "nerd" atípico, que más que hablar se comunica a gritos y con poquísimas palabras, está al borde de un ataque de nervios, y todo está atravesado por un suspenso que puede tener su epilogo en minutos: el arbitro de la "cueva", contempla con una sonrisa cómplice la cacería de los dinosaurios, que sabe, será victoriosa.
Las "barbis" de aquella tropelía propia de "Jurasick Párck", colaboran con silbidos, términos intraducibles y se excitan hasta llegar a sublimar sus pulsiones, mientras la temperatura sube alcanzar movimientos sismicos.

Se trata de una ceremonia, de un rito iniciático repetido una y otra vez a lo largo de la historia, el mismo que alguna vez permitió al joven entrar al mundo de los adultos, mientras ahora lo encierra definitivamente en los juegos de simulacros, maquinas parlantes, "bibelots" propios del nuestra post-historia, en el cual las viejas cavernas y las bestias primitivas, son remplazados por ficciones visuales y acústicas, - maquinas parlantes- , únicos medios de participar y protagonizar del descarrilado carrusel de la historia, espejo con el cual cual los "cromagnones" no quieren saber nada.

En la cueva están más seguros y la cacería no forma parte sino de un sueño interminable: el sueño del poder y la seguridad en uno mismo. Por fin llega el momento culminante y el público de ese improvisado estadio se desmanda: mi gordo, el"nerd" más admirado por el heteroclito grupo, a terminado de aniquilar a un miembro de "Al Quaeda"?...,y la respuesta no se hace esperar.
Tiembla la "cueva", es el gol esperado de un nuevo Maradona, de un Chuck Norris que lucirá por un instante el mirto de los vencedores de Salamina: gritos, algún perdido "sapukay", silbidos, aplausos, puños en el tablao del lacio, saltos de siuxs que han conseguido la cabellera del blanco, al que habría que quitarle el corazón para que la ceremonia sea real, e integrar la fuerza del enemigo a la del guerrero.

Después vendrán la pipa de la paz, el poker, los vasos de tragos largos y el esperar la madrugada, porque las guerras contra el enemigo se deben librar solo de noche : el sol nunca fue buen consejero de los rayos lazer, y las computadoras funcionan mejor en un ambiente nocturno, cuando la mayoría descansa, y la ambición sueñera, hasta que el sol haga caiga verticalmente sobre los cuerpos. El gordito, mi gordo, muestra en su rostro las señales de una satisfacción inmensa.

Ahora solo debe esperar que George. W. Bush lo condecore.

En el fondo de su candido corazón siente que acaba de pasar a la historia. Todavía atado a su roca, expiando su culpa contra la autoridad divina, Prometeo siente como los humanos han perdido el fuego de la libertad que reposa en la palabra.

En su improvisada Altamira del siglo XXI, los "Cromagnones" se admiran de los adelantos técnicos, aunque éstos hayan sido preanunciados desde hace siglos, cuando por primera vez un humanoide se atreviera a pintar en Lascaux, la imagen rupestre de un animal primitivo. Trazos éstos que creímos durante mucho tiempo, separaba definitivamente al animal del hombre.

Tantas veces ha entrado el hombre a la historia, como a salido de ésta realizando la larga ruta que conduce del mono al "supeh-heroe".

Oscar Portela   febrero 2005. Corrientes Argentina.
Corrientes, enero 2005
 

 

 

 

 


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