OSCAR PORTELA
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Paratacticos por perioscopio

No son los gritos paratácticos de los primitivos hominidos, al descubrir una pieza de caza, no son solamente los insignos verbales de los alienigenas, al
no encontrar en el planeta indicios de vida creadora, sino fantasmas que los
aventajan en la falta de necesidades vitales, no, no son solo coprofágicos, coprolalios y escatológicos síntomas de que la repetición que no deberia ser posible (y lo és?), de que la miseria, la carencia, la penuria, son estigmas
de la pobreza del ser, que esencia en el lenguaje como mundo, como inicio de un espacio, de un un mundo, que "mundea": sus delgadas piernas ocultas por largos y jamaiquinos pantalones, ván a dar a veces, a unas raidas sandalias de goma. Y sin embargo son sus gritos, son ese especial idiolecto, el que distingue el idoceo lenguaje del “nerd”, que inciste en llevarse a la cama la podredumbre del idioma, cuando el fantasma de la castración debe perseguirlo hasta en sus sueños.

Troy no es Terence Stamp en “Teorema”, pero las “Barbis” enloquecen por él, y a su lado no existe ninguna Samantha Edgard, ni tan siquiera una Margarita Gautier, con un alambicado Robert Taylord a su lado, para laudar su ego nada cartesiano, que no proyecta sombras sobre el “mundo”, como no ser las vibraciones de sus gritos.

¿Sabe Troy que significa “vivir”? Lo sabe sin saberlo cuando grita, cuando mata, al modo que se yó, de un Swartzenegger, en medio de algunos característicos, y de algunos elegantes, que también los hay, porque en Lascaux, caben todas las especies, las épocas, las razas, las “religiones”?, las ciencias y las modas, esotéricas o nó, aunque ellos no lo sepan.

Aunque no lo sepan sí (y para que?), ya que tiempo paralizado no pueda espacializarce en un aquí y un ahora distendido en los tres extasis temporales: así Troy reina en Lascaux, y la “barbi” tiembla en sus brazos, como Elena temblaba en los brazos de Paris.

Todo se asemeja a una escena de “Sabrina”, pero filmada en Tatacuá, con el presupuesto de su Secretaría de Cultura.

Solo el “nerd” puede hacerle sombra a Troy, por que su cuerpo - aún no “su” cuerpo, polimorfo y gordo como el de un bebé -, sino como el habla en el cual expresa sus violentas emociones, le disputa a todos, el reinado de los monos parlantes de la epoca, porque del “mono gamatico” no vá quedando nada.

¿ Es la nada la que habla?. Absolutamente nó. La nada prefiere hablar desde
el silencio de las tumbas, desde donde sigue llamando los espectros de lo que el hombre fue, en su inquietud primera.

La invasión y colonización del Kalahary, ha sido realizada, y no se trata de clones, sino de la domesticación mental de una especie a la que se creía en extinción, y que con los jueguitos electrónicos ahora dominan el mundo.

Escucho el susurro que el viento oculta a nuestros oídos, “el hombre es la irrisión del mono”: mi Zaratustra, y de pronto, en imágenes contemplo, como
tras la enorme estatua de Lincoln en el Capitolio, aparece radiante la expresión señera de un simio, qué, en éste caso, y contra la profesia nietzscheana, ha logrado superar al hombre, y todavía más, domesticarlo.

Miro a Troy con respeto y veo en él al animal del futuro, cuando Platón, Descartes, Hegel, Marx, hayan desaparecido de la faz de la tierra. Me siento mirado socarronamente: supongo que las silenciosas alas de murciélagos, comienzan a moverse en la noche: tengo miedo y temo decirmelo, pero debo reconocer que estoy aquí frente al amo del futuro.

Oscar Portela, junio 2005

 

 

 

 


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