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RETRATO DE ÓSCAR PÓRTELA
Francisco Madariaga
XIV

¡Munca se regresa al lugar del cual
se parte! Oh, reparadores asilos,
imágenes terrenales y derivas, deseos
perseguidos desde siempre, ensayados
todos los modos de la liberación y los
conjuros que desposeen de certeza,
para mover el canto hacia donde
siempre has triunfado pero nada
abolirá el movimiento
del azar; adolescencia, infancia, aún
indemnes a las incitaciones del
terror de la locura de la noche más
honda, donde la soledad burla tormentos
de pasión frente a Dioses, orillas, asilos,
raudos pasos, búsquedas de lo
absoluto de la tierra y luego
olvidos mojando las orillas del alma
escarnecida por las vanas esperas.
La exaltación de sombras móviles,
espejismos de otras superficies donde
la salvación podría realizarse y sin embargo
estás aquí, sin abismos ni
cumbres: paisajes limitados, condenadas
orillas, las horas de la sombra
más corta, el mediodía que a la visión
perturba y se encanta en penuria,
superficies de tierra, mundo,
historia de carne y de deseo,
abismos donde se ahogan sombras
del pensar, límites donde puede
alabarse contra la estéril gesta
de fundación de un mundo
acechado por todas las gacelas
que conducen tu sombra y escribirás aun,
si es necesario desde el lugar del
alma del texto que te nombra, y
callarás también cuando tu cuerpo ceda
bajo redes sin huéspedes que canten,
desde la superficie por el alma
asombrada, aunque en el fondo auscultes
toda la noche, orillas,
hacia el latir más claro de todas las
estrellas.

A Ana Emilia
por todo su
amor y sus
desvelos

 

 

 

 


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