y de todo lo que ahora conocemos
sólo su silencio es lo más póstumo
I
para cuando el Soplo haya sometido
la ventisca en contra de la ráfaga
y su diseño de rapiña acorrale
sus escombros
en los abismos de la fábula
despertará con el fragor de su
sapiencia
el tiempo capicúa:
con el cráneo abandonado de diciembres
y el fracaso del lenguaje en su fenicia
y con el primer deshielo en primavera
la corteza provisoria de la tierra
extenderá sus mantos arrugados
para desovar en múltiplos
el verso
arrostrándonos la soberbia de su
erudición:
Naturaleza engendra Naturaleza
Naturaleza fermenta Naturaleza
Naturaleza transmuta Naturaleza
cuando todo lo que nace
todo lo que asciende
no es sino un trayecto
desde el centro hasta su especie
entonces
solamente para cuando el vértigo
haya equiparado las rotaciones
con el peso y densidad de la genciana
se repetirán en letanías
la derrota e inexperiencia de la historia
... la placenta inagotable de su Antorcha
II
y la tierra hembra estremecida
pórtico de lepra antigua
entre el designio y la inconsciencia
juntó las voces de mil mares
y cien cráteres
para conjurar la multiplicación
de dioses
y sus fuerzas fueron sucediéndose
como brotes de cianuro
en las caléndulas muertas de
la Idea
:
toda Emanación es Potencia y Absoluto
III
que nos venga el fuego atormentado
con el vacío obtuso de su rostro
acaso llorando el ostracismo
de memoria entre las razas
arrancadas para siempre
del esternón oblicuo de las eras
nos llegará la noche de hambre
y de malaria
con el sonido seco de su espada
para el inicio de los ciclos y sus límites
ahí donde la alianza de metales
despuntara en sequías
los embates de
la Rueda
y su maquinaria de semilla de espadaña:
... habíase formado del Huevo una cabeza
con el penacho grasiento de las ocasiones
y el hastío desdentado
sobre nuestra enjuta condición
IV
y con la arcilla austera del origen
volverán las falsas treguas del verano
los solsticios
y su sordera infinita de pináculos
siquiera como un bosque antiguo de silicio
que se empotra en las canículas del Círculo
para traernos los estrépitos
de un cráneo que despunta
más allá del viento y nervaduras
los sudores de la fragua
o del entendimiento:
el tiempo era una flecha coja
que transita y que no avanza
V
y así como hubo el fuego sepultado
sus anales
con la algazara de las estaciones
y el flagelo seco de los pámpanos
así entonces crecerán
entre tórridos enjambres de cigarras
las edades de los céfiros
y sus crines abundosas de distancias
escucharemos sin sus ecos
los ronquidos rezagados del otoño
sus ausencias crónicas de imperios
y repúblicas
los lamentos y sus verdes necedades
echando raíces en el lóbulo
más izquierdo del cigoto:
habremos olvidado mucho
pero no conservaremos nada
VI
... para cuando el orto haya reposado
sus hogueras
entre el anverso de la piedra
y sus señales
se sucederán los centros
con sus movimientos tiesos
de parábola
se nos precipitarán las salinas
y los nuevos plenilunios
como una esfera hueca y sin contornos:
sus vestigios mudos de planicies
sus relevos grises de corteza
y la tierra prolongada de miseria
consentirá su entrega puerca y hembra
para el tiempo consagrado a la cosecha
y su cabellera elocuente de presagios:
sus resquicios pronunciados de pangea
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