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NO TODO MI CUERPO SE HUMEDECE CUANDO moja
la lluvia ni sus comisuras con que me salpica
sobre la tierra.
No serán mis pies mojados pues sostienen
en los valles mi condición de vertebrado.
Los ojos; ni las manos que licencian el protocolo
omnívoro con las que equilibro el mamífero
paso de puerco hipocondríaco.
Toda corpulencia. Tampoco la espalda que trabaja
anaranjada el campo y abre en surcos el asfalto
para la cosecha del plástico en primavera.
Sólo el corazón y sus detalles indefensos:
mi otro cuerpo.
Aquél
Bajo tristes árboles una muy quieta sonrisa es la que duerme,
y que calla... y que muere...
Y en el pedestal roto de mi virginal existencia
sólo tú sabes que soy yo el que vivo,
el que miro... el que olvido...
Mas cuando canto, soy también aquel que llora,
el que sufre... el que gime...
Porque es la sonrisa la que no más duerme...
que ni calla ni que muere;
pues tampoco soy yo el que vivo...
ni el que miro pero olvido.
Únicamente soy
el que llora sufre y gime,
pero además soy también
aquél, quien de envidia perece y a su soledad pertenece.
Se desploma y cae
Se desploma y cae:
son los vitales signos del desahucio masculino
que tropieza con los instintos y golpea mi destino.
Y en el suelo, abrupto yace su mojado cuerpo,
apestado y debilitado por los sueños como un muerto.
Se desploma y cae:
y es el viento quien furioso le detiene y aprisiona,
pues se vuelcan las opciones y la vida decepciona.
Son como todos los sonidos estridentes en la conciencia,
que devastan cual salvajes y eliminan mi inocencia.
Y se desploma y cae
cual inerte máquina sin sentimientos,
que se cae:
porque oportunos fueron los fracasos y los vientos,
y se cae:
esperando aquel llamado pues la intriga desespera,
pero el ya cae:
y la angustia me tortura esperando que ya muera.
y se cae, por completo de desploma y se cae:
pues lo último de esperanza que conservo es ahora lo que fatal ya decae.
Confesiones de mi esqueleto
He presenciado las desgracias de mi cuerpo
inhalándolas hasta el hartazgo
por toda la vastedad del tiempo.
Las he palpado, y en ocasiones presentido,
sin embargo, cada uno de sus colores me
ha desvestido.
Y en la indigencia, me apena confesarles
que es mi cuerpo quien ahora se despedaza y
desmorona. Ya no flota ni sonríe,
es un espectro que se esconde y se
humilla en espera de la muerte.
Y aunque estén llorando hoy mis huesos,
van mis manos a los ojos al conforte
con un beso, quizás una caricia, o más
seguro a verdes golpes.
Mas al caer la noche, están las carnes todas putrefactas,
y terminan esparcidos
los restos de lo que alguna vez hubo de
llamarse armazón...
Solamente la osamenta descansa ahora.
Desprotegida y femenina su ahogado
sollozar se escucha:
El sufrimiento nunca olvida la desgracia:
vive de ella,
se alimenta de ella,
y hasta fornican y se embriagan mientras
me descompongo en lamentos
revelándoles que es mi cuerpo quien
se sigue consumiendo.
Bien venidos sean a mi lado oscuro
Bien venidos sean...
Cada palabra que les muestro es mi comunión
eterna con la muerte.
Y en cada susurro me doy cuenta de que no puedo sonreír, y
cada vez que las pronuncio que no he de ser feliz.
En cada grito soy un muerto.
Esta es mi sentencia: huésped sólo en sueños:
anfitrión perpetuo de mis sufrimientos.
No me queda nada, todo lo he perdido.
Bien venidos sean ustedes a mi infierno.
Saludan amistosos mis suplicios y
se inclinan respetuosas mis cadenas.
Los recuerdos son anhelos, son fantasmas inventados.
Estoy muerto, soy un difunto vagabundo
que se pierde en los rincones abismales de la tristeza.
Estoy vacío y la soledad me enferma.
Bien venidos sean ustedes, los que nunca han muerto.
Bien venidos todos!!!
Bien venidos los leprosos, los inválidos,
bien venidos indigentes y tuberculosos.
Todos ellos tienen un pedazo de mí y se consumen,
cada uno está apestado: ellos viven descuidados.
Bien venidos los obsesos, están presenciando
mi morada: un cuerpo entero que se despedaza
por las llagas. Fui el nirvana que ahora se desahucia nauseabundo,
el que implora y se desmaya.
Pero estoy muriendo, estoy muerto
y continuaré mañana haciéndolo. Fui condenado a morir
seis veces seis veces seis veces
por las noches. Soy el anticristo, el inocente pervertido,
obligado a ser el huésped infestado
entre todos los culpados al exilio.
Bien venidos a mi sexo!!!
Bien venidos a mi orgasmo, a mis llantos,
están fornicando en la entrada a mis dominios
embriagándose en un coktail de semen y excrementos.
Y al estar nosotros reunidos,
sentados y cenando pecadores y bufones,
quiero también dar la bienvenida a los otros,
a todos aquellos que nos rechazan y maltratan
por ser distintos y minusválidos:
Bien venidos sean ustedes igualmente, los
amados recogidos por la benevolencia del Progreso.
Bienvenidos!!!
VI
El huésped
Era el huésped que pernocta entre el azogue de las sábanas
cuando su fulgor la tierra desgastaba.
Distinguido en los cielos cual Luzbel cuando precoz se confesaba.
Era quizás yo entre sueños cuando muero: lastimero el
perro que golpeo.
Era aquél a quien puntual renta cobramos.
[de impuestos y cosechas que de su boca arrebatamos].
Tan formal en sus oficios, mariscal en la orfandad,
que hasta a veces, inmortal en la piedad,
sigiloso se acercaba a mendicar.
Y al mirar al cielo entre ruegos confesaba:
Vetusta hoy la hora en la que fui
yo concebido. Tengan fin, pues, Tus caprichos
y la horma estas sandalias que las eras
han carcomido.
Fatigado alzo entonces, Creatura, bruna
la otrora testa, ya que de alabanzas y proclamas
no ha de versar la pluma en esta gesta.
Sin embargo, una misma respuesta la que
en lontananza recibía:
Quizás no te des cuenta, desamparada cría mía,
mas prefiero echarte lejos a escupirte por tus licenciosos quejos.
Inquilino soy en estas tierras y sin rumbo voy:
vagabundo moroso y perezoso sin ser mentiroso.
y aunque esta vez mi condición convoque Uno,
augusto no busco más refugio: ni a Tu lado
ni en ninguno.
Y en silencio, era esta imagen por mí ya conocida,
una cual frágil anhelo que con el humo se desvanecía...
-¿Será acaso aquel hombre mi reflejo en el espejo
que cada mañana su plegaria esparce,
y como susurro en mi oído, débil se deshace?-
Querido amigo - me decía - sólo un favor
te vengo hoy a pedir,
uno del cual jamás podráste arrepentir:
si es que me amas tanto como yo a ti
no más te consientas ni en el retrato ni en el vivir
pues como huésped mendicante reconozco hemos de morir.
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