JOSÉ SARAMAGO

NA MORTE DE JOSÉ SARAMAGO (18.06.2010) - INDEX

La dignidad se llama José Saramago  
Por Rodolfo Alonso

Rodolfo Alonso – Poeta, traductor, ensayista y ex editor argentino

         Me tocó conocerlo, hace no pocos años, en una de esas librerías que honraban Buenos Aires, no dedicada al castellano sino a otras lenguas europeas, entre ellas el portugués, y que fueron barridas –como tantas iniciativas loables-- por el maremoto de la banalidad globalizada.

         Aún de espaldas se parecía al Quijote, y no sólo por el talante humanista y gentil: era alto, más que delgado, casi cenceño. De todo su ser emanaba una serena dignidad, la humildad de los grandes. Porque algo tenía del buen Sancho, no sólo por la cuna dignamente humilde, de la que con justicia se preciaba, sino por el linaje campesino, hecho de trabajo y discreción.

         Le oí hablar en público, entonces, y nunca alzó la voz, Era sencillo, la sencillez misma, pero también profundo y, aunque siempre mesuradamente afable, asimismo –cuando era pertinente, como demostraría-- capaz de decir no. Su lenguaje era limpio, recién lavado, fluyente y sosegado como arroyo que pule sus guijarros. Al portugués lo enunciaba con la punta de la lengua, casi de forma sibilina, pero con un tono seductoramente encantador, bajo, modulado en frases graves pero nunca solemnes. Sin duda había allí mucho del valor que el campesino solía dar (cuando el mundo aún no había sido colonizado por el ruido) a las pocas palabras, y al silencio en que nacen y se enmarcan.

         Conoció la pobreza, casi extrema, muy pronto y mucho tiempo. Pagó el injusto precio de abandonar estudios para ganarse honradamente la vida con sus manos. Pero nunca dejó de leer, en libros que muchas veces no podía comprar. Y tampoco cesó nunca de escribir, como debe ser, por pura necesidad y sin el menor ánimo de lucro, con el mismo ahínco y la misma callada, bendita tozudez del labriego que arranca de la tierra el pan para sus hijos.

         Debió esperar para ver editado su primer libro. Pero no le cupo nunca, como demostró hasta el fin, quedarse de brazos cruzados. Y el reconocimiento, la consagración y la gloria con que la vida iba a sorprenderlo, sin que se hubiera preocupado de ello en absoluto, no lograron jamás hacerlo renegar de sus orígenes, de su entrañable solidaridad con los humildes, o del respeto hacia su lengua.

         Mi último contacto fue por interpósita persona. Cuando Hermenegildo Sábat me presentó sus bellos dibujos para un libro1 que honraría a otro gran portugués universal: Fernando Pessoa, y con el cual me honraba a su vez sugiriéndome un prólogo, no pude dejar de señalarle que ese libro encontraría feliz cabida en Portugal. Para mi sorpresa no resultó fácil editarlo allí hasta que Saramago, con su fraterno ojo avizor, no dio el empuje que lo concretaría. (Después de todo, el único texto suyo que me ofrecieron comentar en vida fue su excelente libro dedicado a Pessoa2.)

         Así como el gran Mallarmé despidió magníficamente a Poe (“Tel qu`en Lui-même en fin l¨Eternité le change”), salvando por supuesto las siderales distancias en mi caso, podríamos intentar consolarnos sintiendo que, al llevarse a José Saramago, la muerte no ha hecho sino volverlo él mismo para siempre.

1 “Anónimo transparente”, una interpretación gráfica de Fernando Pessoa por Hermenegildo Sábat. Prólogo de Rodolfo Alonso. Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, provincia de Buenos Aires, 2007. 

2 “El año de la muerte de Ricardo Reis”, de José Saramago. Seix Barral, Buenos Aires, 1994.

José Saramago nasceu na aldeia ribatejana de Azinhaga, concelho de Golegã, no dia 16 de Novembro de 1922, embora o registo oficial mencione o dia 18. Seus pais emigraram para Lisboa quando ele ainda não perfizera três anos de idade. Toda a sua vida tem decorrido na capital, embora até ao princípio da idade madura tivessem sido numerosas e às vezes prolongadas as suas estadas na aldeia natal. Fez estudos secundários (liceal e técnico) que não pôde continuar por dificuldades económicas.

No seu primeiro emprego foi serralheiro mecânico, tendo depois exercido diversas outras profissões, a saber: desenhador, funcionário da saúde e da previdência social, editor, tradutor, jornalista. Publicou o seu primeiro livro, um romance ("Terra do Pecado"), em 1947, tendo estado depois sem publicar até 1966. Trabalhou durante doze anos numa editora, onde exerceu funções de direcção literária e de produção. Colaborou como crítico literário na Revista "Seara Nova".

Em 1972 e 1973 fez parte da redacção do Jornal "Diário de Lisboa" onde foi comentador político, tendo também coordenado, durante alguns meses, o suplemento cultural daquele vespertino. Pertenceu à primeira Direcção da Associação Portuguesa de Escritores. Entre Abril e Novembro de 1975 foi director-adjunto do "Diário de Notícias". Desde 1976 vive exclusivamente do seu trabalho literário.

Prémio Nobel da Literatura, 1998

 

 




 



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