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Edgar Bastidas Urresty

Herta Müller, la escritura contra el olvido

Las pocas fotografías que se conocen de Herta Müller, premio Nóbel de literatura de 2009, muestran a una mujer vestida de negro, de tez blanca, pálida, de grandes y brillantes e inquietos ojos azules, cabellos cortos, de pequeña estatura.

Nacida en Nitchidorf en la provincia de Banat en 1953, una llanura cubierta de aldeas agrícolas, en una familia suaba de ascendencia alemana, Herta estudia filología germánica y filología rumana entre 1973 y 1976 en Timisoara.

Luego trabaja como traductora en una fábrica de máquinas industriales pero como frecuenta un grupo de escritores germanófilos que el régimen de Ceaucescu considera un núcleo de oposición porque pedía la libertad de expresión, y ella se niega a colaborar con los servicios secretos rumanos, la Securitate, es despedida de su trabajo, y obligada después a dejar Rumania en 1987 para trasladarse a Alemania occidental.

La Academia sueca le otorgó el Nóbel por haber “con la densidad de la poesía y la franqueza de la prosa, descrito el universo de los desheredados”. Y  porque “sus novelas dan con sus detalles cincelados una imagen de la vida cotidiana en una dictadura petrificada”.

Peter Englund, secretario de la Academia, resaltó “que el trabajo de Müller no pertenece a los grandes relatos épicos, sino que con la precisión del lenguaje, frases cortas, con episodios, anécdotas o fragmentos, poco a poco forma un gran cuadro” (1).

La decisión de la Academia causó una enorme sorpresa  porque todo indicaba que el Nóbel sería concedido a escritores consagrados como los norteamericanos Philip Roth, Thomas Pynchon, el israelí Amos Oz, la argelina Assia Djebar, o los italianos Claudio Magris y Antonio Tabucchi.

La noticia del premio la tomó por sorpresa en su gran apartamento en el centro de Berlín. Un poco acosada por la prensa, concedió una sóla entrevista antes de viajar a Estocolmo.

Raphaëlle Rérolle, crítica francesa que la visitó escribe que alrededor de ella, sobre los sillones y al reverso de algunos muebles, hay pedazos de papel del tamaño de una pequeñísima aguja con algunas palabras en rumano, recortadas en los periódicos, donde hace colages, es decir, poemas.

El Nóbel ha sido un gran bien pero también un gran mal. La Fundación Nóbel casi le ha reprochado que no se hablara. Le produjo alegría pero no hasta el punto de gritar porque no es su costumbre.

Quisiera que por esta nueva situación su vida no cambiara, porque el premio  sólo se debe a sus libros.

En su casa no había libros, la única biblioteca era la de un tío nazi, “un loco, un ideólogo rural”. Cuando llegaron los soviéticos en 1945, su abuela por temor tuvo que quemarlos y el fuego le permitió calentarse durante varios días.  

 No le gustan las entrevistas, porque son “contrarias a mi naturaleza. “Lo que amo es estar sola y escribir”. “Mi vida interior y mi trabajo”. “No estoy a la altura de explicarme de otra manera” (2).

Los objetos cotidianos tienen un valor y un poder tan grande que se los personaliza, y en situaciones opresivas como las que ella vivió en Rumania, dan protección.

Además, tienen la virtud de que sobreviven a nuestra desaparición como si tuviesen un aura de eternidad. Sin embargo, esto le produce un poco de temor y se alegra cuando un objeto se rompe.

La presencia constante de la naturaleza en sus libros se debe a que como hija única vivía sola en los paisajes, en los campos, aunque esto le parecía amenazante, porque creía que iba a ser engullida por ella.

Cuando morimos nos convertimos en plantas como una forma de continuidad. En la escuela se enseñaba que “Dios está en todas partes”, es decir, que se convertía en el “primer dictador” porque nada escapaba a su mirada, casi todo era pecaminoso, como bañarse desnuda.

La naturaleza, dice, “es la mejor señal de la brevedad de nuestra vida: todos los recursos naturales vuelven cada año con las estaciones, pero nuestra carne, no resucita. Nuestro cuerpo es prestado por cierto tiempo, después Dios pide  la devolución” (3).

Como no había libros de cuentos en su casa, tuvo que escribirlos.     

Rumania se va a convertir en la fuente primaria de su escritura: “En lo que concierne a la experiencia esencial de mi vida, dijo, es en Rumania donde la he vivido, bajo la dictadura. El hecho de encontrarme a muchos kilómetros de Rumania, no me hará olvidar lo que he vivido. Por consiguiente, yo he llevado mi pasado y es necesario decir que en Alemania el temor de la dictadura está siempre presente” (4).

“He debido aprender a vivir escribiendo y no a la inversa. Quería vivir a la altura de mis sueños, es todo. La escritura fue entonces para mí una manera de expresar lo que no podía vivir efectivamente” (5).

Las veintidós novelas y libros de poemas que ha escrito en alemán, llevan el sello de la opresión que la escritora ha sufrido en Rumania.

Entre los libros traducidos en español se encuentran En tierras bajas, El hombre es un gran faisán en el mundo y La piel de zorro.

Libros como Le renard était déja le chasserur, El hombre es un gran faisán en el mundo y la Convocation, son considerados “extraños y bellos, donde la descripción de la realidad más prosaica toma carices fantásticos e increíblemente sugestivos. Hay en ella una fuerza de evocación, una intensidad de lenguaje a veces deslumbrante, que se expresa tan bien en lo escrito que en lo oral. Como si la potencia de las imágenes que la habitan y la obsesionan terminara siempre por vencer la timidez, la nerviosidad, el miedo. Y como si las palabras debían absolutamente ganar terreno sobre la muerte” (6).

Su primer libro titulado Niederungen, En tierras bajas, de 1982, fue censurado y expurgado. En Alemania, en cambio, recibió el reconocimiento unánime de la crítica y el premio Aspekte.

Se discute si En tierras bajas es una novela o un libro de relatos independientes. Lo que le da cierta unidad, continuidad y apariencia de novela, es la posición distante de la niña narradora en torno al mundo rural en que se desarrolla la vida de una familia y de un pueblo rumano.

De lo que no hay dudas es que se trata de una ficción autobiográfica y que la descripción en un lenguaje poético de ese mundo familiar, la muerte, el sexo, la casa, la escuela, la iglesia, los animales domésticos, el matrimonio, la religión, las flores, los tejidos,  constituye un recurso narrativo. .

La niña busca y quiere encontrar a Dios, sueña con la muerte del abuelo, una canción llena su casa, sus oídos.

A medida que trascurre la novela, aparecen otros personajes, como Heidi, primo de la niña con quien intima y hace el amor; el alcalde, el cura, el entonador del órgano, el dentista. Aparecen Lenc, Wendel y Lorenz, el jorobado. Las mujeres de la aldea practican la religión católica y trabajan con la madera, el paño, la hojalata y visten de luto para llorar al muerto.

En el velorio asoma el rostro de la muerte, que mudo y flexible baja continuamente como un gato al albaricoquero. 

Hay una obsesión y una violencia por la muerte que se percibe en la matanza y el descuartizamiento de la ternera: “Quería enfriarme en la sombra y ser una muerta hermosa. Y seguro que me pondrán un precioso vestido negro cuando me muera. Era mediodía, y la muerte no llegaba” (7).

Hay un juego paradójico con las palabras, con el lenguaje para metamorfosear los seres, de las cosas:

“Bajé al río y me eché agua en los brazos. De mi piel crecieron unos arbustos muy altos y me convertí en un hermoso paisaje palustre” (8).

Notas

1.      Laventana.casa.cult.cu.modules.php.name

2.      Rérolle, Raphaëlle. Herta Müller, Nóbel salvada por la escritura. Le Monde. París. p. 1

3.      Rérolle, Raphaëlle. Herta Müller, Noel, Fatigada pero resistente. Le Monde. París. p. 2

4.      Rousseau, Christine. El Nóbel de literatura a Herta Müller. Le Monde. París. p.1.

5.      Deshusses, Pierre. Herta Müller, Premio Nóbel de literatura, la escritura contra el olvido. Le Monde. p. 1

6.      Rérolle, Raphaëlle. Op. Cit. p. 1

7.      Müller, Herta. En tierras bajas. p. 97

8.      Op. Cit. p. 98  

EDGAR BASTIDAS URRESTY

Nació en Samaniego, Nariño, Colombia en l944. Es licenciado en filosofía y letras por la Universidad Nacional de Colombia en 1972; doctor en filosofía por la Universidad París VIII (1978), especialista en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos, por la Universidad La Nueva Sorbona de París III, en 1981. Asistió y participó en los seminarios de sociología de la literatura bajo la dirección de Jacques Leenhardt en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París en 1978.

Fundó y dirigió la Casa de la Cultura de Nariño entre 1968 y 1971. Fue rector y profesor titular de la Universidad de Nariño. Ha sido profesor en la maestría en literatura de la Universidad Javeriana de Bogotá.

En l98l dirigió el Taller de escritores AWASCA de la Universidad de Nariño.

Es autor de los libros: Las guerras de Pasto, ensayo histórico (l979), Grafismos prosas (1983), Antología del cuento andino (coautor, 1984), El fariseo, crónica histórico-social ( l985), La violencia universal, ensayos histórico literarios (1990), Meditaciones , de entrevistas (1990), Avatares (1992) cuentos, Dos visiones sobre Bolívar, ensayos históricos (1999), Nariño Historia y Cultura, ensayos histórico literarios, (1999), Lecturas secretas, ensayos literarios y filosóficos (2002), Ensoñaciones, poemas (2003).

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