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ANDRÉS GALERA

Construyendo la fisiología del delito.
El modelo biotipológico de Nicola Pende

Dpto de Hª de la Ciencia, Instituto de Historia, CSIC.
Proyecto de investigación BHA2003-01429.

La morfología del cuerpo humano

 

Durante el siglo XIX sigue en marcha una renovación médica que sitúa la disciplina en el ámbito de las ciencias naturales (1). El nuevo horizonte conlleva la interacción con otros saberes que también se ocupan del hombre aunque no sea para sanarlo. Con esta manera de proceder trabajaba el médico italiano Achille de Giovanni (2) en la universidad de Padua, de cuya escuela médica formó parte Pende. Conozcamos la receta.

El profesor entiende la medicina como aquella parte de la zoología aplicada al hombre (3) siendo su objeto de estudio los individuos que conforman la especie; la enfermedad no existe, hay sólo enfermos (4). En correspondencia con el escenario biológico donde acontece la especie humana, la patología ocupa un lugar dentro la teoría de la evolución. La modificación anatómica del individuo por influencia del medio podía ser un argumento inconsistente para explicar la generación de nuevas especies (5), pero, al margen de patrones hereditarios, aplicado al presente es, sin embargo, un modelo de mayor repercusión médico-social que la darwiniana supervivencia del más apto. No extraña, pues, que la filosofía lamarckiana alimentase el pensamiento del médico Achille de Giovanni, y tantos otros. Leyó la Filosofía zoológica durante su época de estudiante y, según confiesa (6), el libro revolucionó su esquema científico. Para explicar la morfología del cuerpo humano, de Lamarck aprenderá que el individuo está vinculado <<a circunstancias propias que contribuyen a conformarlo como es en las distintas etapas de la vida>> (7); que la función puede desarrollar y crear la forma necesaria, órgano (8). Leerá a Darwin aceptando su principio sobre la correlación de crecimiento , relativo a que las modificaciones acaecidas en un órgano provocan cambios también en aquellos con los que no mantiene una relación directa (9). Así mismo, le fue de gran utilidad la ley sobre el equilibrio de los órganos - balancement des organes - formulado por otro evolucionista, el naturalista francés Etienne Geoffroy Saint-Hilaire (10), explicando que el desarrollo de un órgano ocurre en detrimento de otro. El cuerpo humano era el fruto de la evolución, entendida como cambio tipológico, y la patología el resultado de dicha capacidad modificadora. Tampoco despreció el principio de correlación anatómica formulado por el antievolucionista Cuvier, según el cual la anatomía de todo ser vivo resulta de la armónica relación de todos sus elementos según parámetros cuantificables y predecibles. El modelo representaba un grado de optimización corporal contrario al cambio morfológico, que desequilibraría el sistema provocando la eliminación del organismo, pero bien podía soportar los avatares de la evolución despojado de su radical sentido finalista y perfeccionista.

Para curar el médico necesita saber, precisa tener <<el conocimiento exacto del individuo, del cual debemos indagar la génesis del estado morboso y el mecanismo de sus síntomas>> (11); y este mecanismo es el mismo que <<explica la formación de los órganos, de los organismos y su función>> (12). Aplicando este planteamiento determinista, para tratar al enfermo será necesario descubrir qué ley controla el desarrollo orgánico (13) diversificando la morfología individual en grado de convertir la variedad en norma del ser vivo (14). Como todo ser organizado, el cuerpo humano es una entidad anatómica compuesta por elementos relacionados morfológica y fisiológicamente (15). La relación funcional expresa la unidad corporal y del vínculo anatómico emerge la función, es una consecuencia. Biológicamente, nuestro organismo será el resultado de un plan anatómico surgido durante la historia evolutiva de la especie, filogenia, que, aceptando la teoría de la recapitulación (16) formulada por Ernst Haeckel, la ontogenia secuencia. El individuo es una unidad material imbricada entre morfología y función, producto del desarrollo de la especie. Durante la historia biológica, la forma -estructura orgánica-, determina la función -fisiología-, que a su vez guía el desarrollo orgánico. Un principio alternativo de causa y efecto donde la patología nace como desviación tipológica del fenómeno de la variedad individual. Es en la especial morfología del organismo donde se manifiesta la morbididad (17). El cambio de forma, dada su relación, implica un estado fisiológico diferente sobre el que se puede actuar para corregir el estado morboso resultante. Esta capacidad de actuación aminora la condición fatalista del enfermo, siendo el principio operativo que gobierna la terapéutica. La evolución también toma parte en este incesante juego de formas patológicas mediante la aparición de morfologías atávicas, regresión evolutiva, que será otro modo del estado morboso (18). La conclusión es categórica: <<Todo lo que en el individuo provoca una desarmonía morfológica o una anomalía en el proceso de la evolución (ontogénesis), es fuente, o puede ser fuente, de morbidez>>(19). El cuerpo humano es un estado constitucional de la materia en cuya morfología convergen dos historias clínicas evocando el presente y el pasado, el individuo y la especie, controladas por la función.

 

(1) Cf . Elvira Arquiola; Luis Montiel, La corona de las ciencias naturales. La medicina en el tránsito del siglo XVIII al XIX , Madrid, CSIC, 1993.

(2) Achille de Giovanni (1838-1916). Natural de la provincia de Mantova curso sus estudios en la Universidad de Pavía. Formó parte del ejército de Garibaldi, y en 1902 fue nombrado senador. Se licencio en medicina el año 1862 estudiando anatomía con Bartolomeo Panizza que lo introdujo en la lectura de Lamarck y Cabanis. Fue médico residente en el manicomio milanes de La Senavra , y desde 1789 hasta su muerte fue profesor de la Universidad de Padua donde formó escuela. Entre sus discípulos se encuentran Giacinto Viola, Pietro Castellano y Nicola Pende.

(3) Cf . Achille de Giovanni, Morfología del corpo humano , Milán, Ulrico Hoepli, 1891, p. 2.

(4) Ibídem, p. 12.

(5) Durante el siglo XX la biología da una nueva vuelta de tuerca al ideario lamarckiano convirtiéndolo en premisa de la evolución. Por ejemplo, cf . Eva Jablonca; Marion J. Lamb, Epigenetic inheritance and evolution. The lamarckian dimension , Oxford/Nueva York/Tokio, Oxford University Press, 1995; Máximo Sandín, Lamarck y los mensajeros, la función de los virus en la evolución , Madrid, Istmo, 1995; Máximo Sandín (ed.), <<La biología a doscientos años de Lamarck>>, Arbor , tomo CLXXII, nº 677, 2002.

(6) Ibídem, pp. 2-3.

(7) Ibídem, p. 3.

(8) Ibídem, p. 21.

(9) Ibídem, p. 20.

(10) Sobre el modelo evolutivo de Saint-Hilaire hemos escrito <<La alquimia de la vida. Etienne Geoffroy Saint-Hilaire y el evolucionismo experimental>>, http:/triplov.com/coloquio-4/saint-hilaire.htm. Cf . también A. Galera (2002).

(11) A. Giovanni (1891), p. 14.

(12) Ibídem, p. 6. También A. Giovanni, <<La morfología e la clínica>>, Gaceta medica italiana. della provincia veneta , nº 50, 1880.

(13) Ibídem, p. 15.

(14) Ibídem, p. 14.

(15) Ibídem, p. 20.

(16) Ibídem, p. 15.

(17) Ibídem, p. 9, 21.

(18) Ibídem, p. 21, 62-63.

(19) Ibídem, p. 21.

 
 

 

 

 


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