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ANDRÉS GALERA

Dpto. Hª de la Ciencia, Instituto de Historia, CSIC
proyecto de investigación BHA2003-01429
artículo publicado en la revista Endoxa año 2004

EL CONCEPTO BIOLÓGICO DE NATURALEZA
UN INSTRUMENTO COGNITIVO (1)

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APRENDER
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Conocer la naturaleza significa inventariar los objetos animados e inanimados que la componen, y descubrir las leyes que regulan los procesos individuales y colectivos que ocurren en su seno. La naturaleza toma forma en ignotas unidades y misteriosos fenómenos de índole diversa, cuyos secretos el hombre quiere desvelar, poseer, y controlar utilizando la observación y la descripción como instrumentos básicas para construir un saber que, como anunció y practicó Aristóteles, es visual. La realidad se percibe con los ojos y la mente la procesa. Este proceder cognitivo, tendencioso por ser él juez y parte, define históricamente la relación del hombre con la naturaleza componiendo un bagaje instrumental, teórico y práctico, determinante del curso transformista donde transcurre la historia terrenal de la especie. Reflexionaremos sobre algunas de las herramientas conceptuales empleadas en el ámbito de las ciencias de la naturaleza para interpretarla.

Sometido a interrogación el concepto de natura requiere, primero, una explicación cosmogónica. Ninguna teoría elaborada por el hombre sobre la génesis de los seres vivos cuestiona la prioridad de la materia inorgánica, aunque sea sólo en calidad de contenedor donde se desarrolla la vida. Siguiendo la tradición griega - Las metamorfosis de Ovidio por ejemplo-, al comienzo reinó el caos y fue la conjunción de cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego, gobernados por fuerzas sobre naturales, el principio del orden que denominamos naturaleza. Orden caracterizado por la existencia de objetos y la presencia de una fenomenología propia. Los objetos naturales tienen un origen material común pero el hombre se diferencia del resto por su directo ascendente divino, que le otorga la primacía sobre los demás. El hecho lo recoge la doctrina cristiana y la Biblia proclama el conocido lema hecho a su imagen y semejanza ratificando nuestra complicidad con Dios. Así, el estudio de la naturaleza adquiere una dimensión antropocéntrica que la humanidad promueve con ahínco. Si formalmente no, conceptualmente la teoría de los elementos tiene un significado actual, y su propuesta sobre la correspondencia material de los seres vivos la desarrolla la biología a través de la bioquímica. Todavía ignoramos la procedencia de la materia, pero hemos alcanzado el grado científico suficiente para intentar explicar la aparición de la vida en la Tierra a partir de la materia inorgánica y comprender el desarrollo posterior de estas elementales formas vivas a células procariotas y eucariotas hasta alcanzar las complejas formas pluricelulares que habitaron y habitan el planeta. La conclusión no admite ambigüedades, refuta la concepción antrópica del universo siendo el hombre un caso más, prescindible, del maremágnum de especies que caracterizan la cronología terrestre componiendo una naturaleza indiferente a nuestra presencia. Existimos por ser un producto evolutivamente viable, no porque el fenómeno de la vida terrestre tenga como finalidad la manifestación de la especie Homo sapiens sapiens .

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