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ANDRÉS GALERA
La Escuela Criminológica Italiana.
Determinismo y patología del delito.(1)
FISONOMÍAS

En la historia del pensamiento humano la voluntad de adivinar las cualidades del alma atendiendo a los rasgos corporales es una vieja aspiración que podemos rastrear sine die. La cara es el espejo del alma, repite un manido proverbio vigente hoy y ayer. El dicho popular expresa el deseo de conocer al prójimo preventivamente; palabras que conllevan la necesidad de iluminar un existir maniqueo para obrar luego en consecuencia. Visualizado bajo el prisma morfológico, con independencia de su condición animal, vegetal o mineral, cada objeto es un conglomerado de signos representativos del universo cualitativo que les da sentido. Aplicado al hombre el menester fue la ciencia de la fisiognómica (2), dedicada a adivinar su carácter, <<a conjeturar las cualidades del alma según los signos que se manifiestan en el cuerpo>>, según el enunciado propuesto por el sabio napolitano Giovan Battista della Porta (3) allá por el siglo XVI. Obras como el pseudo aristotélico Physiognomoniae secreti secretorum (4), el De animalibus de Alejandro Magno, la Magia naturalis y el De humana physiognomia del citado Porta, y los Physionomische fragmente escritos por Johann Kaspar Lavater en la centuria del setecientos, cualifican adecuadamente nuestra innata ambición por conocer el rostro de la naturaleza. En este delirio psicosomático se fundamenta un modelo de comportamiento humano determinista, que tuvo, y mantiene, honda repercusión social dada su capacidad coercitiva: si la condición del hombre se refleja en la anatomía podemos controlarle por anticipado.

Durante el siglo XVIII Lavater materializó la dictadura del cuerpo frente a la mente dibujando siluetas identificativas de las cualidades morales individuales. Charles Darwin, por ejemplo, se cuenta entre las víctimas de esta quimera antropológica. Relata en su autobiografía que Robert Fitzroy, capitán del Beagle, era un entusiasta seguidor de la disciplina y después de entrevistar al naturalista, prevenido por la forma de su nariz, que anunciaba a una persona débil de carácter, se mostró reticente para sumarle al grupo expedicionario. Los amigos disiparon el resquemor y el malcarado pasajero pudo embarcar (5). Darwin tuvo, pues, motivos personales para desdeñar esta fisionomía adivinatoria, y lo reflejo al escribir La expresión de las emociones en el hombre y en los animales (6). En la centuria de 1800 la frenología supuso otro peldaño en el discurrir de la fórmula anatómico-etológica humana, vinculando la estructura cerebral con la orografía craneal. Las facultades morales e intelectuales del hombre estarían depositadas a lo largo y ancho del cerebro y, admitiendo que el cráneo calca la superficie cerebral, examinando las protuberancias craneales se podía determinar el carácter individual. Sintéticamente, palpando el cráneo era posible conocer el cerebro (7). Finalmente, la darwiniana teoría evolutiva por selección natural supuso un punto y a parte en el histórico proceso de estigmatizar lo viviente. Retrotrayéndonos al pasado nos relacionamos con nuestros cavernícolas ancestros, en la forma y en el fondo. Hubo un cambió de orientación conceptual, refrendándose la intención de descifrar el código conductista a través de los signos morfológicos, para el caso, atávicos. Insertada en una naturaleza cambiante, la evolución darwinista conduce la especie hacia mayores cotas de progreso pero el camino es de ida y vuelta, hay marcha atrás, y la regresión puede acontecer en cualquier momento. Parapetado en similar discurso, guiado por el positivismo sociobiológico, durante la década de 1870 el psiquiatra italiano Cesare Lombroso elabora su particular fantasía morfológica sobre el delito: la antropología criminal ejemplarizada por el delincuente nato, individuo identificable al poseer rasgos propios de nuestros ancestros cuyo comportamiento asemeja (8). Lombroso resolvió la encrucijada delictiva examinando el cadáver de un famoso asesino calabrés, Giuseppe Villella. En el cráneo detecto la existencia de una concavidad situada en el fondo del occipucio, la foseta occipital media, frecuente en otros grupos animales, es decir perteneciente a estadios evolutivos inferiores (9). El silogismo inducido era harto elocuente: 1. el delincuente posee rasgos animalescos; 2. los animales ocupan niveles evolutivos inferiores; 3. conclusión, el criminal reproduce los rasgos físicos y morales del hombre primitivo. El atavismo era la respuesta al delito. Individualmente, el retroceso se manifestaría en una peculiar anatomía espejo de un comportamiento anacrónico. Amparado por el dictamen antropológico, el delincuente se convierte en la víctima, representa el cuerpo del delito de regresión evolutiva; él es consecuencia no la causa, porque sus actos responden al mandato inexorable de la ley natural en el pasado evolutivo de la especie. De tal irrealidad científica emerge una paradoja biosociológica legalmente significativa. Penalmente, por la condición predeterminada del comportamiento, la conformación eximiría al sujeto de toda responsabilidad; simultáneamente, el diagrama morfológico sirve al cuerpo policial para prevenir indiscriminadamente el delito ante la posibilidad, apriorística, de detectar al delincuente valorando simplemente su tipología. El delito se hace virtual porque el acto es un elemento secundario. Biológicamente, el control tendrá un inequívoco sentido profiláctico-eugenésico pues, aplicando el canon de la especie, mediante la reproducción, el delincuente es una amenaza latente contra el vigente estándar evolutivo; contaminación contra la que es preciso actuar diligentemente.

Con sus muchos yerros, el galeno Lombroso actuó siguiendo la pauta establecida en el hipocrático tratado sobre la profesión médica, donde se aconseja comparar el hombre sano con el enfermo para establecer semejanzas y diferencias. El error no es metodológico, procede de la extrapolación y posterior aplicación del supuesto. Hace siglos que lo explicaba Leonardo da Vinci, <<La experiencia nunca se equivoca, es nuestra apreciación la que únicamente se equivoca, al esperar resultados no causados por el experimento>> (10).

SALUD Y ENFERMEDAD

En la década de 1890 otro prestigioso psiquiatra, Enrico Morselli, natural de Módena, profesor de psiquiatría y psicología experimental en la universidad de Génova, enseñaba a sus alumnos que el lombrosianismo, <<no obstante las exageraciones de los primeros años y la incerteza posterior, ha convencido firmemente a los psicólogos, a los sociólogos y a los juristas de que el delincuente es el efecto de una particular constitución psíquica o personalidad, y que por ello conviene estudiar la individualidad completa del criminal en sus caracteres somáticos, fisiológicos y mentales>> (11).. Repitiendo el esquema tribal lombrosiano, Morselli retrotrae al delincuente en la cadena evolutiva definiendo su manifestación en el presente como un claro retroceso a la situación orgánico-psíquica del hombre primitivo. La cadencia filogenética se trastoca mediante un proceso degenerativo; regresamos a un pasado lejano caracterizadas por una distinta relación del sujeto con el ambiente. La resultante actual es la presencia de individuos fenotípicamente inadaptados, abstraídos de su tiempo por la genética, cuyo comportamiento pretérito se cataloga hoy como antisocial, de criminal, por incumplir un código que les es ajeno (12). Todo discurre como un déjà vu hasta que nuevos parámetros biológicos converjan en la resolución del problema porque, analizado en los términos competitivos propuestos por la teoría darwinista, el patrón delictivo se desliza, inevitablemente, hacia el estereotipo antropológico criminal. Ocurre con Lombroso, Morselli, y tantos, empecinados en doblegar la naturaleza aplicando el yugo evolutivo de la selección natural.

El año 1923, el criminólogo italiano Benigno di Tullio elogiaba al maestro reconociendo su anticipación conceptual: <<El genio de Lombroso entrevió esta unidad psico-física, la sostuvo y la hizo la base de su doctrina que cada vez más se afirma entre la respetuosa consideración de los estudiosos de todo el mundo>>, escribe (13). ¿Cómo interpretar este testimonio avanzado el siglo veinte? La referencia lombrosiana supone una inequívoca invocación morfológica, la cara sigue siendo el espejo del alma pero de un ánima encerrada en un cuerpo hodierno gobernado por la fisiología y el sistema nervioso simpático. La relación cuerpo-mente aludida por Di Tullio no es la remembranza atávico-determinista de anteayer sino el biotipo morfológico-endocrino elaborado entonces por el médico Nicola Pende como fórmula gnoseológica para materializar la psiquis. Aplicada al delito, la endocrinología, proponía Pende, está llamada <<a proyectar una nueva luz que aclarará muchos puntos hasta ahora obscuros de la doctrina lombrosiana>> (14) . El delincuente sigue siendo un rehén de los signos, y en la metodología, como reconoce Giuseppe Vidoni, resuena el compás del odiado lombrosianismo (15), pero, aunque el objetivo de la moderna Escuela Criminológica Italiana continua siendo determinar las leyes que rigen la componente morfológica del delincuente, lo hace sin olvidar <<las condiciones externas, que pueden obrar sobre él y pueden explicar partes no insignificantes de su comportamiento>> (16).

El enfoque endocrino-morfológico echó raíces sobre la propuesta constitucionalista elaborada por el patólogo Achille de Giovanni en los años 80 del siglo XIX. Docente en la Universidad de Padua, el profesor redefine el discurso médico incorporándolo en la mega dimensión de las ciencias naturales. La medicina es una de sus ramas, la correspondiente a la zoología aplicada al hombre (17). La integración implica compartir fenómenos y leyes, consecuentemente, la patología ocupa su lugar en el escenario de la evolución. Una evolución en términos neolamarckianos, válidos tanto a nivel de especie como de individuo porque aquel es la consecuencia de este (18). La variedad es la pauta (19) de una naturaleza regulada por el principio biológico de la adaptación. Leyendo a Lamarck, Achille suscribe que, después del nacimiento, cada individuo <<se encuentra inmerso en circunstancia particulares, que contribuyen a convertirlo como es en las diferentes etapas de la vida>> (20). En este marco teorético, la causa de las alteraciones presentes en el enfermo (21) no es patológica sino al revés. Enfermar es la consecuencia de las modificaciones corporales ocurridas por un anormal funcionamiento. Contextualizado en el individuo, el estado morboso pierde su significado colectivo redefiniéndose como un factor exclusivo de cada organismo en su genuina expresión intra y extra corpórea. No hay enfermedad sino enfermos (22), y es en el paciente donde el médico debe poner los cinco sentidos.

Esta fue la matriz ideológica utilizada por Nicola Pende al desplegar la biotipología, o ciencia de la individualidad, empleando el sistema endocrino como elemento vertebrador de su reconstrucción anatómica. El objetivo era conocer los caracteres que diferencian a cada individuo del tipo convencional, de ese hombre especie, grupal, <<descrito por los anatomistas, los fisiólogos, los psicólogos, y los estadísticos>> (23). Las hormonas gobiernan el cuerpo y la mente; coordinadamente, conducen el desarrollo corporal y actúan sobre la psique a través del sistema nervioso simpático que, dirigido por las secreciones internas, elabora y trasmite al cerebro el estado emocional (24). El biotipo refleja esta pretendida realidad bioquímica, representando al individuo como una indivisible unidad psicosomática (25) resultado de la conjunción morfológica, humoral y psicológica, ocurrida a partir de la herencia cromosómica (26). La información genética induce la estructura orgánica <<pero cada carácter concreto, cada realidad es necesariamente también condicional, está subordinada, en su manifestación, a determinadas condiciones externas>> (27). El medio modela el fenotipo. El programa genético no es un compartimento herméticamente cerrado, estanco, al contrario, progresivamente, durante las sucesivas etapas, en el desarrollo constitucional participan elementos de intermediación e indeterminación que representan la variabilidad y son el nivel donde tiene cabida la acción correctora del especialista (28). En esta reparación individual el constitucionalismo biológico emprende una lucha contranatural porque, si bien el ser vivo es la manifestación objetiva de la vida, aislado en la naturaleza no alcanza relevancia, es un mero subterfugio para lograr la continuidad y propagación del grupo específico (29). En consecuencia, aplicando este extremo reduccionismo vital, cumplida su función, cualquier individuo es un elemento prescindible por innecesario.

DELINCUENTES

Trascurridas cinco décadas desde la proclamación lombrosiana del delincuente nato, Nicola Pende enuncia su propuesta endocrino-constitucional con la sana intención de demostrar los vínculos <<entre hábito corpóreo, hábito funcional y hábito mental>> (30). ¿Cómo repercutió este ideario en el ámbito antropológico criminal? Si, como afirmó Pende, los estudios endocrinos estaban destinados a esclarecer <<muchos puntos oscuros todavía en la doctrina lombrosiana>> (31), ¿qué oculta relación mantiene la endocrinología frente al delito? Y si el sistema endocrino es la herramienta conectiva para comprender <<cómo a determinadas formas corpóreas le deben de corresponder obligatoriamente determinadas orientaciones funcionales o psicológicas>> (32), ¿no se podría responsabilizar, <<al menos en parte y eventualmente, a la constitución endocrina de los criminales tanto de sus anomalías morfológicas como de las morales?>> (33).

En su versión moderna el delincuente nato pierde el sino fatalista redimiéndose en el hombre endocrino. La antropología criminal experimenta otra vuelta de tuerca estableciendo un nuevo orden que, sustentado en la endocrinología, define el delito como un fenómeno biopsicológico. Habiendo estudiado la población reclusa residente en las cárceles de Palermo, Noto y Catania, el médico Francesco Landogna afirmaba que las glándulas secretoras explicaban <<el mecanismo patológico de la aparición de muchas anomalías somáticas hasta ahora consideradas de origen atávico>> e <<iluminan uno de los puntos menos claros y más controvertidos de la teoría de Lombroso, esto es la relación entre ciertas anomalías corporales y algunas anormalidades psíquicas de los criminales>> (34). Mandíbula robusta y prominente; nariz tosca; cejas densas y largas; ojos saltones; mirada salvaje y penetrante; orejas largas y carnosas; talla muy reducida o excesivamente alta; excesiva movilidad de las falanges; mamas atróficas; hipoplasia uterina y ovárica; esterilidad; pubertad precoz; infantilismo sexual; anomalías pigmentarias; eran algunas de las manifestaciones morfológicas testimonio de las endocrinopáticas padecidas por los delincuentes (35). Como antaño, también ahora el delito se somatiza pero ha desaparecido el calificativo atávico y se pierde la condición genérica en beneficio de la individualidad constitucional del criminal, cuya figura carece de valor probatorio convirtiéndose en un simple candidato al delito (36). Delinquir es una expresión voluntaria de la persona, siendo erróneo admitir que los trastornos hormonales configuren morfologías representativas de tendencias antisociales (37). El acto delictivo recupera el sentido jurídico, y al sujeto le identifican sus actos no los síntomas. Si el biotipo detecta el estatus morboso sin condicionar su comportamiento, ¿hay entonces una mecánica física del delito?, ¿cómo procede la aireada relación forma-función en la psique del delincuente? Establecida la conexión neuro-endocrina, la somatización delictiva ocurre en el cerebro canalizada a través del sistema nervioso simpático: para que las tendencias criminales se manifiesten <<es necesario que las susodichas disfunciones endocrino-simpáticas produzcan en el individuo una particular constitución cerebral, por lo general hereditaria, que prepare y favorezca la naturaleza criminal de los mismos actos impulsivos>> (38). Tal disposición neurológica es sólo un factor de riesgo, una condición intrínseca favorable a la trasgresión, que puede manifestarse o permanecer oculto en este laberinto mental durante toda la vida. El componente endocrino encierra un factor criminógeno pero, en última instancia, el casualismo volitivo humano es el único responsable del mal comportamiento (39). Compartiendo esta plataforma científica, la moderna antropología criminal desarrolla un diagnóstico diferenciado dirigido a establecer una biotipología criminológica representativa de la individualización del delito, orientada a la formulación del concepto de constitución delincuencial (40), sucesor del criminal nato. Invocando este nuevo epigrama se renuncia a recuperar el pasado evolutivo de la especie enraizando al delincuente en un presente continuo donde su comportamiento es el resultado explícito de las diferencias adaptativas que manifiestan los distintos componentes de cada grupo social, incentivados por su particular conformación. Del discurso se ha eliminado el tono intimidatorio y conminativo precedente, sustituido por una reprobación comprensiva, aceptando que el delito es un fenómeno natural. No hay ningún misterio en el hecho de que algunos <<individuos que, aun viviendo en las mismas condiciones ambientales que otros que no delinquen, cometen delitos más o menos frecuentes y más o menos graves, en virtud de caracteres particulares estrictamente relacionados con la estructura fundamental de su misma personalidad individual y, más exactamente, con algunas especiales anomalías cualitativas y cuantitativas que se refieren de modo particular a su vida instintiva y a las disposiciones intelectivas, afectivas y volitivas que envuelven mayor dignidad evolutiva>> (41).

Avanzado el siglo XX la ciencia fundada por Lombroso carece de capacidad predictiva. Los signos morfológicos no son un elemento identificativo, componen sólo un cuadro patológico favorable al delito sometido siempre a la voluntad del sujeto, que ha recuperado la responsabilidad de sus actos. Una profunda catarsis ha reconvertido la disciplina desmitificándola en el sentido referido por Stephen Gould cuando escribe que <<una buena desmitificación debe hacer algo más que reemplazar un prejuicio social por otro: debe utilizar una concepción biológica más adecuada para expulsar las ideas falaces>> (42). La sustitución no es sinónimo de certeza, representa otro paso en el camino de ida y vuelta hacia la verdad relativa.

Referencias

Achille de Giovanni, Morfologia del corpo humano, Milán, Ulrico Hoepli, 1891.

Francesco Landogna Cassone, <<Caratteri endocrini nei delinquenti>>, La Critica Penale, 1921, vol. 1, pp. 239-241.

Cesare Lombroso, L’uomo delinquente, Milán, Ulrico Hoepli, 1876.

Morselli, Enrico, Antropologia generale, l’uomo secondo la teoria dell’evoluzione, Turín, UTET, 1911.

Nicola Pende, La debolezze di costituzione. Introduzione alla patología costituzionale, Roma, G. Bardi, 1922, 2 vols. (2ªed. 1928).

- Dalla medicina alla sociologia, Palermo, Prometeo, 1922.

- <<Le applicazioni dell’endocrinologia allo studio dei criminali>>, La scuola positiva, 1923, pp. 145-155.

- Endocrinologia, patología e clinica degli organi a secrezione interna, Milán, F. Villardi, 1924, 3ª edición, 2 vols. (1ª 1916, 2ª 1920).

- Trattato sintetico di patologia e clinica medica, Messina, Manfredi Principato, 1927, 1928, 1930, 3 vols.

- Trabajos recientes sobre endocrinología y psicología criminal, Madrid, Javier Morata, 1932.

- <<I fattori biotipologici della criminalità>>, en Atti Convegno della Socièta d’Antropologia e Psicologia Criminale, Milán, 1935 (un resumen fue publicado en La scuola positiva, rivista di diritto e proc. penitenciaria, nueva serie, año XV, fasc. 7-8, 1935, pp. 1-4).

- Endocrinología, patología e clinica de los órganos de secreción interna, Barcelona, Salvat, 1939, 2 vols.

- Trattato di biotipología umana individuale e sociale, con aplicazioni alla medicina preventiva, alla clinica, alla politica biologica, alla sociología, Milán, F. Vallardi, 1939.

Benigno di Tullio, L’endocrinologia e la morfologia costituzionale in antropologia criminale, Roma, Mantellate, 1923.

- <<La doctrine de la constitutión criminelle dans la science et dans la législation pénale>>, La Giustizia Penale, 1937, vol. XLIII, 1ª parte, col. 81-94.

- <<Biotipología y criminalidad>>, en Pende, N., Trattato di biotipologia umana individuale e sociale, Milán, F. Vallardi, 1939, pp. 599-617.

- Antropologia criminale, Roma, Luigi Pozzi editore, 1940.

Giuseppe Vidoni, Lo studio antropologico del criminale e dell’alienato, Wassermann, Milán, 1919.

- Valore e limiti dell’endocrinologia nello Studio del delinquente, Turín, Fratelli Bocca, 1923.

- <<Il sistema endocrino nello studio criminale>>, Pensiero medico, 1922, año II, nº5, pp. 81-89.

NOTAS

(1) GEA, Centro de Ciencias Humanas y Sociales, CSIC. Trabajo publicado en G. Vallejo; M. Miranda (comp.), Políticas del cuerpo. Estrategias modernas de normalización del individuo y la sociedad , Argentina, Siglo XXI, 2007.

(2) Cf. Caro Baroja, Julio, Historia de la fisiognómica. El rostro y el carácter, Madrid, Istmo, 1988.

(3) Porta, Giovan Battista della, De humana physiognomia, Vico Equense, 1586; cit. por G. B. della Porta, Fisiognomía, Madrid, AEN, 2007, lib. II, proemio, p. 113.

(4) Para los textos clásicos véase Foerster, R. (ed.), Scriptores physiognomonicigraeci et latini, Leipzig, Teubner, 1893.

(5) Darwin, Francis (ed.), The autobiography of Charles Darwin and selected letters, New York, Dover, 1958, p. 27.

(6) Darwin, Charles, La expresión de las emociones en los animales y en el hombre, Madrid, Alianza, 1984, Introducción, p. 36 (The expression of the emotions in man and animals, Londres, Murray, 1872).

(7) El neurólogo alemán Franz Joseph Gall dió carta de naturaleza a la frenología, primero, finalizando el siglo XVIII, como craneoscopia, y luego, traspasado el siglo XIX, como tal junto al también médico Johann Kaspar Spurzheim. Cf. Gall, F. J.; J. G. Spurzheim, Anatomie et physiologie du système nerveux en général et du cerveau en particulier, avec des observations sur la possibilité de reconnaître plusieurs dispositions intellectuelles et morales de l'homme et des animaux par la configuration de leurs têtes,  Paris, F. Schoell, 1810-1819, 4t.

(8) Lombroso, Cesare, L’uomo delinquente, Milán, Ulrico Hoepli, 1876. Antes, desde 1871, en las memorias del Istituto Lombardo, inició la publicación de los resultados de su estudio antropológico del delincuente.

(9) Cf. Galera, Andrés, Ciencia y delincuencia, Sevilla, CSIC, 1992, pp. 11 y ss.

(10) Vinci, Leonardo da, Cuadernos de notas, Madrid, M. E. Editores, 1993, p. 182.

(11) Morselli, Enrico, Antropologia generale, l’uomo secondo la teoria dell’evoluzione, Turín, UTET, 1911, p. 664. El libro recoge las lecciones impartidas por Morselli en las universidades de Turín y Génova durante los cursos 1887-1908. Los fragmentos reproducidos corresponde al año 1891.

(12) Ibídem.

(13) Tullio, B. di, L’endocrinologia e la morfologia costituzionale in antropologia criminale, Roma, Mantellate, 1923, p. 5.

(14) Pende, Nicola , Endocrinología, patología e clinica de los órganos de secreción interna , Barcelona, Salvat, 1939, 2 vols., II, p. 440 (1ª ed. Italiana 1916).

(15) Vidoni, Giuseppe, Valore e limiti dell’endocrinologia nello studio del delincuente, Turín, Fratelli Bocca, 1923, pp. 1.

(16) Ibídem, pp. 99 y 124, nota 2.

(17) Giovanni, Achille de, Morfologia del corpo humano, Milán, Ulrico Hoepli, 1891, pp. 2 y 9.

(18) Ibídem, p. 21, n. 2.

(19) Ibídem, p. 14.

(20) Ibídem, p. 3. En esta línea también la referencia lamarckiana de la p. 21, n. 2.

(21) Ibídem, pp. 6, 9, 21.

(22) Ibídem, p. 12.

(23) Pende, Nicola, Trattato di biotipología umana individuale e sociale, con aplicazioni alla medicina preventiva, alla clinica, alla politica biologica, alla sociología, Milán, F. Vallardi, 1939, p. 1.

(24) Pende,N.,Dalla medicina alla sociologia, Palermo, Prometeo, 1922, p. 39.

(25) Pende, N., Trattato sintetico di patologia e clinica medica, Messina, Manfredi principato, 1927, 1928, 1930, 3 vols., I, p. 67.

(26) Cf . el diagrama del biotipo humano en Ibídem, p. 69; también en Trattato di biotipología umana individuale e sociale, con aplicazioni alla medicina preventiva, alla clinica, alla politica biologica, alla sociología, Milán, F. Vallardi, 1939.

(27) Pende, N., La debolezze di costituzione. Introduzione alla patología costituzionale, Roma, G. Bardi, 1928, 2ª ed., p. 210 (1ª ed. Roma, G. Bardi, 1922, 2 vols.)

(28) Ibídem, p. 212-3.

(29) Ibídem, p. 210.

(30) Pende, N., Trattato sintetico di patologia e clinica medica, Messina, Manfredi principato, 1927, 1928, 1930, 3 vols., I, p, 68.

(31) Pende, N., Endocrinologia, patologia e clinica degli organi a secrezione interna, Milán, F. Villardi, 1924, 3ª edición, v. II, p. 1106-7. También en <<Constitución y endocrinología>> (ver n.33) escribe Pende: <<No es preciso describir con todos sus detalles y pormenores las anomalías morfológicas, fisiológicas y psíquicas, que desde los tiempos de Lombroso hasta los días actuales han sido comprobados en los delincuentes y que constituyen las bases de la doctrina de la moderna escuela criminológica positiva>>.

(32) Pende, N., Trattato sintetico di patologia e clinica medica, Messina, Manfredi principato, 1927, 1928, 1930, 3 vols., I, p. 68.

(33) Pende, N., <<Constitución y endocrinología>> (original publicado en alemán el año1924, Konstitution und innere sekretion); en N. Pende, Trabajos recientes sobre endocrinología y psicología criminal, Madrid, Javier Morata, 1932, pp. 209-314, p.212.

(34) Francesco Landogna Cassone, <<Caratteri endocrini nei delinquenti>>, La Critica Penale, 1921, vol. 1, p. 141.

(35) Cf. Pende, N., Trabajos recientes sobre endocrinología y psicología criminal, Madrid, Javier Morata, 1932, pp. 288-292. También Landogna Cassone, F., <<Caratteri endocrini nei delinquenti>>, La Critica Penale, 1921; Vidoni, G., Valore e limiti dell’endocrinologia nello Studio del delinquente, Turín, Fratelli Bocca, 1923; Pende, N., Trattato di biotipología umana individuale e sociale , Milán, F. Vallardi, 1939.

(36) Vidoni, Giuseppe, Valore e limiti dell’endocrinologia nello Studio del delinquente, Turín, Fratelli Bocca, 1923, p. 16.

(37) Pende, N., Trabajos recientes sobre endocrinología y psicología criminal, Madrid, Javier Morata, 1932, pp. 301-302.

(38) Pende, N., Trattato di biotipología umana individuale e sociale , Milán, F. Vallardi, 1939, p. 602.

(39) Pende, N., <<I fattori biotipologici della criminalità>>, en Atti Convegno della Socièta d’Antropologia e Psicología Criminale, Milán, 1935, p.4.

(40) Cf. Tullio, B. di, <<Biotipología y criminalidad>>, en Pende, N., Tratado de biotipología humana, individual y social, Barcelona, Salvat, 1947, p. 544

(41) Ibídem, p. 546.

(42) Gould, S. J., La falsa medida del hombre, Barcelona, Orbis, 1987, p. 340.





ANDRÉS GALERA
Professor. Investigador no CSIC: Consejo Superior de Investigaciones Cientificas, Madrid.

 

 

 


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