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FLORIANO MARTINS: “IR AL DESGASTE DE TODO”
Franklin Fernández

(traducción de Willians Guaregua y Floriano Martins)

“La libertad de mi palabra me cuesta sangre existencial”, nos dice Floriano Martins en esta entrevista. Considerado como uno de los poetas contemporáneos más importantes de Brasil y del continente, Martins reflexiona sobre algunos aspectos fundamentales de su poesía, con un tono razonable y admirablemente iluminado: “Yo escribo con la fuerza de todo lo que hay en mí”. Para Martins, la poesía está hecha de atisbos, sospechas, conjeturas, dudas e incertidumbres, en su sentido más amplio, esperanzado o aventurero: “La poesía es un arma mortal en las manos de los malos poetas”. “Vivir no es un ejercicio fácil para nadie”. Vislumbrar, penetrar en los espacios habitados por él, es transitar por los caminos insondables de la existencia: “Tratemos de no seguir desfigurando la existencia”.
“Todos piensan en la poesía como una salvación”. [FF]

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F.F.- Su nombre ocupa un lugar privilegiado dentro de las letras latinoamericanas, tanto por su obra poética, como por su profundo saber como ensayista, crítico e historiador de la literatura contemporánea ¿Qué tiene la poesía que decirnos a través de Floriano Martins?

F.M.- Hice tantas veces esta pregunta a poetas que entrevisté y jamás imaginé que un día fuese intimidado por ella [risas]. Se trata de una provocación para medir el grado de vanidad de todo creador. Yo confío en que tengamos la respuesta de esta pregunta a lo largo de la entrevista. La creación nos sorprende a todos. Puedo aquí dibujar una expectativa mía que defina una poética, claro, pero no soy amigo de la cristalización de alguna espécie. Escuchamos el disco más reciente de Paul McCarney y nos asombramos de tamaña frescura que es, al mismo tiempo, una confirmación de una obra ya definida en el pasado, en la época de compañerismo con John Lennon. ¿Qué tengo que decir? Esta inmersión en si mismo, eventualmente puede resultar en una gran obra de arte.

F.F.- ¿Desde cuándo escribe? ¿Podría recordarnos algún suceso que ilustrará en torno a los orígenes de su vocación poética?

F.M.- ¿Algo como una caída de la escalera al buscar libros en lo más alto de la biblioteca de mi padre o también como mi madre peleando conmigo por haber recortado figuras de sus revistas sagradas? ¿Son éstos indicios de una vocación poética? ¿Habrá una vocación poética? ¿La predicción no es acaso una forma discreta de presunción? Durante la adolescencia robaba libros en las librerías y amigos poetas me reprendían con su altísima moral basada en la propiedad privada. ¿Hasta que punto la vocación confunde talento y perseverancia? Algún talento debo tener, pero lo que tiene un mismo peso es una incorregible obstinación.

F.F.- ¿Influencias, afinidades, paralelismos, acercamientos, similitudes literarias o artísticas en su poesía?

F.M.- Sí, hay poetas y libros que fueron fundamentales para mí. Puedo recordar tanto un libro como La lucha corporal, del brasilero Ferreira Gullar, y de igual manera mi primer contacto con una antología del chileno Humberto Díaz Casanueva. En los dos casos había tanto de voracidad existencial como de refinamiento de lenguaje. Pero en el territorio de la influencia – siempre prefiero el término diálogo – jamás se limitó a las lecturas, menos aún a la poesía solamente. En la infancia fueron de gran importancia para mí, al lado de la lectura de una novela como Crimen y Castigo, de Dostoievski, o de los comics, la presencia de la música, seguida, en la adolescencia por las artes plásticas, el cine y el teatro. Pero evidentemente hay un denominador común en todo esto, yo diría que es la tragédia, en el aspecto teatral del término.

Me siento afortunado por las experiencias comunes con otros artistas que he realizado hasta el momento. La panameña Consuelo Tomás me ayudó a montar una noche maravillosa involucrando músicos y bailarines en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá; el costarricense Alfonso Peña articuló un encuentro mío con el escultor Edgar Zúñiga, que resulto en la producción de un libro en San José; con el brasilero Mario Montaut compuse una serie de canciones cuyo CD se encuentra en la fase final de grabación. Escogí tres ejemplos que incluyen áreas diversas, para dar una idea de cuánto los poetas pueden explorar en zonas de afinidad y producción. Son afinidades concretas, que resultan en trabajo. Entiendo que querías saber también de otro tipo de identificación ¿no? ¿Nombres? Saltan la barrera de los géneros, van de Roberto Piva a Tom Waits, de Frank Miller a Hermeto Pascoal, de Rosa Alice Branco a Johnny Depp.

F.F.- ¿Cuál es su relación con las artes plásticas?

F.M.- Muchos libros en casa, en la infancia, casa de mis padres, revistas en cuadritos (comics), ediciones fascinantes llamadas fotonovelas, que eran adaptaciones de clásicos de la literatura mundial y también el nacimiento de la televisión; las mañanas de domingo cuando mi padre me llevaba al cine; todo esto tiene un peso extraordinario. Yo usaba guache y reproducía algunas de las ilustraciones de esas revistas, portadas de novelas, y al mismo tiempo recortaba figuras como quien está ensamblando una pequeña colección. Pero hacía todo esto de manera desordenada, escuchando música de todo tipo y devorando los libros de la biblioteca de mi padre, que era una biblioteca absolutamente caótica, donde se encontraban la literatura clásica rusa, el teatro isabelino, manuales de fabricación de aviones de guerra, comics vaqueros italianos, etc.

F.F.- Usted mantiene una “relación entrañable” con el surrealismo, pero no se considera un surrealista, sino un defensor del surrealismo, alguien que ha hecho suya la defensa del surrealismo… ¿Por qué?

F.M.- Yo no sé si cabe más esta afirmación, la de ser un poeta surrealista. Evidentemente que al leer mi poesía no hay manera de no pensar en la fuerte influencia, en el diálogo intenso con el surrealismo. Pero existen otros componentes, una adaptación del surrealismo a otras instancias en el ámbito de la configuración de una poética. En Brasil el único ismo que vino fue el modismo. Tengo llamando la atención por la importancia del surrealismo, sus percepciones, pero nadie quiere saber de esto. Hay una nueva generación interesada, pero esto también puede ser apenas una ola.

F.F.- ¿Del surrealismo en nuestro continente se tiene una idea bastante imprecisa?

F.M.- Absolutamente imprecisa. En el propio caso venezolano podemos pensar en Vicente Gerbasi, Juan Sánchez Peláez y Juan Liscano como figuras referenciales de esta falta de precisión. El primero tuve una participación importante en forma de diálogo y difusión, sin admitir vinculo expreso en ningún momento; el segundo declaró siempre su afinidad oscura; y el tercero buscó restringir el campo de acción del surrealismo y negó cualquier influencia que su poesía había sufrido, aún en un libro como Cármenes. Luego esta ceguera de Stefan Baciu – por cierto, jamás respondida por los venezolanos -, de situar a José Antonio Ramos Sucre como precursor del surrealismo. La imprecisión, en el ámbito continental, viene en gran parte de la ignorancia, del desconocimiento de lo que fue, de la manera como el surrealismo era percibido en los diversos países. Es plenamente posible conversar en Colombia con alguien conocedor del Surrealismo y que no sepa la existencia de un surrealista en Paraguay o en Guatemala, por ejemplo. Sin hablar del rechazo natural a lo que provenía de Europa, de la necesidad del nuevo mundo de fundar su propia existencia – como si esto fuese posible sin antecedentes ni afinidades. En los años 60, por ejemplo, en varias partes del continente hubo una buena resucitación del Surrealismo, mezclando situaciones no tan distintas como la Generación Beat y Nadaístas, El Techo de la Ballena y El Corno Emplumado, etc.

F.F.- ¿Usted cree que el surrealismo siga vivo en latinoamérica tanto en la plástica como en la literatura, tan vivo como hace cincuenta o sesenta años?

F.M.- No, no se puede comparar esto. Son intensidades distintas y no sólo en términos de época, sino también en ambientes geográficos. No me atrae mucho la idea de “seguir vivo”, porque todo sigue vivo en nuestra idea de mundo. El pasado está tan presente en nuestra vida como el futuro. Los casos más frecuentes son de rechazo al presente. ¿Hay un surrealismo presente entre nosotros? Hay motivo de sobra para que los artistas insurjan contra las situaciones más diversas y precarias, siempre. Basta saber.

F.F.- Tengo entendido que su poesía ha seguido su propio camino, que usted trabajó solo. ¿Se sintió completamente ajeno a su generación o se aisló de sus contemporáneos? De ser cierto, ¿cuáles han sido las razones y los motivos de su aislamiento?

F.M.- Un día, al entrevistar a un poeta brasilero de una generación inmediatamente anterior a la mía, observé una distinción entre los poetas brasileros de los años 70 y los actuales, contraponiendo una generación que tenía algo que decir sin saber cómo hacerlo y una generación actual que domina las técnicas del discurso sin tener absolutamente nada que declarar. Me siento distante de los dos casos. Siempre recorrí lo que llamo el río subterráneo de nuestra tradición lírica. Son dos maneras de aislarse. El encuentro físico, el debate de ideas, siempre lo tuve mejor con las generaciones anteriores que con mis pares, siempre fui el novato. El otro aspecto es de naturaleza estética, y todas las artimañas aplicadas por mi generación – variaciones en tono del Concretismo, malabares de Oswald de Andrade y Joao Cabral de Melo Neto, o, en algunos casos, una visita turística a la literatura de panfleto – no me despertaban interés alguno, de manera aislada. Yo quería sumar experiencias, mezclarlas, multiplicarlas, ir al desgaste de todo.

F.F.- Con Agulha usted ha creado mecanismos de intercambio y conocimiento entre poetas, escritores, fotógrafos, diseñadores y artistas plásticos de América Latina y el mundo ¿Por qué Agulha? ¿Cómo se concretó la idea de crear una “revista” virtual en la Internet?

F.M.- ¿La razón del título? Con rigor puede ser cualquiera. Este tipo de referencia tiene que ver con la sintonía del medio – aquella idea perversa de que el medio es el mensaje. La transmisión continua del sin sentido le da sentido. Es evidente que ahora cualquiera puede encontrar una justificación para este nombre: Agulha/Aguja. Considerando el hecho de que establecemos tantos puentes entre culturas y géneros, podemos pensar en un atelier de costura, donde enlazamos las realidades más distantes, quien sabe si hasta la famosa mesa de disección del surrealismo [risas]. Ya descubierta en el mundo virtual la veo como un plano de fuga. Yo había chocado con la imposibilidad de continuar la edición de una revista impresa. Necesitaba dar secuencia a un trabajo que ya involucraba numerosos colaboradores y entonces surgió la idea de una publicación virtual. Al principio hubo un inmenso rechazo y algunos colaboradores al menos aceptaron ver sus materiales publicados en Internet.

F.F.- ¿Cuál es su interés por la literatura hispanoamericana actual?

F.M.- Al principio despertó mi atención su vitalidad, una fuerza esencial que no encontraba en la literatura brasilera. Por más bien escrita, la poesía brasilera me parecía desprovista de pasión, y fue esto lo que encontré en la poesía hispano-americana en el primer momento en el que este mundo nuevo se abrió delante de mí. Pero tu pregunta tiene que ver con la literatura actual, y allí comienzo a pensar en esta suerte de impenetrabilidad, de oscuridad buscada, como recurso de una vanidad que se exhibe como saber extremo, que resulta en esa pirotécnica circense del neobarroco y todo su artificialismo correspondiente. Claro que la literatura hispano-americana actual no se resume a esto. Hay buenos autores que lidian con las lecciones de concisión y claridad, que se libran de los estigmas escolásticos, sobre todo aquellos que ya actúan con desenvoltura dentro de un ambiente de mezcla de géneros.

F.F.- ¿Cuál es la importancia que usted le concede al tiempo, a la memoria, al destino y a la condición del hombre contemporáneo?

F.M.- No olvides de mi pasión por el collage. Toda la experiencia humana crece por recorte, montaje, ensamblaje, ajuste. La hoja final del poema, algo entre la cámara oscura del fotógrafo y la mesa de edición del cineasta, tiene que ver con este talento para la mezcla en diálogo con la recepción de lo casual. Ninguno de los elementos que mencionas posee una importancia accesoria.

F.F.- ¿Qué opinión le merece la trayectoria del maestro Juan Calzadilla?

F.M.- Juan ha sido un cómplice valioso en las dos últimas décadas. Su presencia en la última Bienal de S. Paulo fue gratificante para nosotros, y ahora tenemos la publicación de una antología de su poesía en Brasil. Tengo ya cierta intimidad con el ambiente poético de tu país, Franklin, y no creo que deban quedar a la espera de una opinión de afuera para confirmar la grandeza de la poesía que producen.

F.F.- De Enrique Molina, Ludwig Zeller y Claudio Willer, usted siempre se expresa con gran admiración, pero cuando hace declaraciones sobre Stefan Baciu o Haroldo de Campos, los ánimos cambian. A Haroldo de Campos lo acusa de “interferencia criminal” y, a Stefan Baciu de “sectarista”…

F.M.- No hay alteración del humor. Creo que hablo siempre con la misma pasión. La visión crítica, el rechazo a ciertos mecanismos fraudulentos, esto requiere de una gran pasión. Hay una aceptación en cadena en lo que dices respecto a todo lo que es motivo de realce por los medios o por un panteón académico. Vivimos en una sociedad engañada por los medios de comunicación, que poseen intereses financieros en el mantenimiento de lo inestable, de lo volátil. Mencionas aspectos puntuales, debidamente cuestionados en libros y ensayos míos. Ojalá fuesen casos aislados.

F.F.- Algo que me llama la atención de usted, es el contacto permanente con jóvenes poetas, aconsejándoles sobre el verdadero sentido de la poesía. ¿Qué le recomienda a los poetas emergentes de mi país?

F.M.- Absolutamente nada, porque los consejos nunca existirán para ser seguidos. Que se dañen, que traten de encontrar una voz propia, que mueran, que se irriten, que desistan, cualquier cosa.

F.F.-¿Escribe actualmente algún ensayo específico, un nuevo libro de poemas? ¿Sobre qué ha estado trabajando últimamente?

F.M.- Sigo trabajando a un ritmo que para muchos parece insano, mezclando creación de poemas, ensayos, traducciones, las ediciones de Agulha y de la Banda Hispánica, en fin, poco a poco van apareciendo nuevos libros, el reflejo de esa locura.

F.F.- Usted como poeta, ¿cómo vive la libertad de su palabra?

F.M.- No existe una agenda mágica para seguir. Un día es hecho de un montón de expectativas, sorpresas, aciertos. Yo soy un franco-tirador. La libertad de mi palabra me cuesta sangre existencial, aunque sin dramas, sin exceso de autoestima. Con rigor, vivir no es un ejercicio fácil para nadie. Encuentro que todos los artistas en nuestro tiempo tienden a valorizar demasiado su condición, justamente cuando menos corresponden las expectativas en torno a sus obras y actitudes. Hay un teatro de la imagen, algo patético. Tengo mucho trabajo en la frente. Apenas eso.

F.F. -¿Se escribe para vivir o para hacer vivir?

F.M.- ¿Es posible escribir para librarse de la vida? No me parece que el hombre se disponga a librarse de sí para crear. Sin embargo, piensa en la creación como algo ajeno a sí mismo. No es conmigo, sino con el personaje. ¿Quién es? A todo instante pregunta lo mismo a otro que no pasa de un espejismo. Yo escribo con la fuerza de todo lo que hay en mí. Con un abrazo.

F.F.- ¿El verdadero protagonista de sus poemas es usted, o es una figura a medias real, a medias mítica: el poeta?

F.M.- Es siempre una mezcla, porque nosotros mismos tenemos algo de mítico y al mismo tiempo de real. ¿Habrá quien dude de la parcela de realidad que caracteriza la existencia de un poeta? Pues, esta duda es justamente la raíz de todo gran poema.

F.F.- ¿Qué lugar ocupa el amor en su vida cotidiana?

F.M.- El lugar de la piedra mágica de las contradicciones.

F.F. ¿Es posible definir la poesía? En otras palabras, ¿es posible definir el amor?

F.M.- Es posible definir todos los rasgos del abismo. Es posible indagar si el axioma debilita. ¿La definición degenera?

F.F.- Se dice que la poesía es “esto” o “aquello”. Pero, ¿qué es la poesía? ¿El sólo hecho de respirar es ya poesía?

F.M.- ¿No es la poesía una encarnación de las simpáticas tres gracias de la mitología romana? Ahora estoy perdido. Acaso las caritas tan encantadoras, ¿se extenuaron a punto de no pasar del mito desfavorable de nuestras desgracias actuales? Tratemos de no seguir desfigurando la existencia.

F.F.- Pero dice Rafael Cadenas: “Poesía es lo que el mundo no es” Y Roberto Juarroz: “La poesía siempre es decir de otra manera” ¿Será la posibilidad de mostrar una cosa mediante otra, de que algo diga otro algo, distinto?

F.M.- Todo es distinto. Pero no me inclino por una negación de la existencia, sino por su revés. Para mí la poesía es una afirmación de la existencia. Creo que los poetas son apuestas en sí mismos, la manera como el mundo se muestra posible o imposible ante sus versos. Juarroz y Cadenas fueran dos poetas importantes para mí. Buscaron un equilibrio arriesgado entre sus afirmaciones poéticas y las correspondencias estéticas. Pero ya no cabe indicar caminos. Vivimos en una sociedad del todo desgastada por los caminos indicados. Ya no se trata de la poesía. Uno ya no sabe como vivir. Hay que pensar en esto, todos los poetas.

F.F.- ¿Cree usted que el poema abarque mucho más que el concepto de verso, escape de la sucesión lineal de las palabras, de la sintaxis, de la rima, del metro y de la retórica?

F.M.- El poema es un objeto, y como tal cambia de acción y entendimiento.

F.F.- Cuándo usted escribe, ¿lo hace con duda o con convicción?

F.M.- La duda es una convicción y su revés no es menos real. El acto de escribir tiene importancia menor ante la duda o la convicción. Claro que la actitud no escribe los mejores poemas esta noche [risas], pero tampoco la técnica escribe en las páginas del relámpago lo esencial de toda una vida. Yo escribo con dudas, convicciones, espantos, divagaciones, todo.

F.F.- Se dice que la poesía es el hombre ¿Se es poeta siempre, en todos los momentos de la vida? ¿O estamos equivocados?

F.M.- Por suerte, absolutamente equivocados. Somos humanos siempre, es verdad. Es nuestra condición irrebatible. Pienso en una película como La caída, en que se enseña un perfil humano de Hitler, con sus variaciones de humor. La encuentro perfecta. Hitler es parte de la humanidad, es parte de nosotros. Si uno es poeta siempre, también Hitler lo fue. El hombre es un poco de todo. ¿Qué parte de sí quiere convertir en absoluta poesía?

F.F.- Todo, pero se lee muy poca poesía…

F.M.- No es verdad. Hay poesía por todas partes, mala poesía, buena poesía, demasiada poesía, hay de todo. Hay que cerrar las puertas de ciertos mitos interfectos. Ya se fueron. Es posible que países como Brasil y Venezuela enfrenten sus dificultades en relación a una política educacional. Es otro aspecto, que me parece incluso más vital. Creo que nuestras sociedades viven un momento en que los poetas deben considerar distintas maneras de aporte y aposta.

F.F.- ¿Cómo vive o convive el poeta en su mundo mágico, de imágenes, entre su realidad y la fantasía, entre su realidad y la ficción?

F.M.- No hay vida que no sea al mismo tiempo real e irreal. Basta de buscar en el poeta las consideraciones modales para una vida posible. Hay que matar el mito de las figuras ejemplares. Los poetas también son mediocres, triviales, imperfectos. La realidad es siempre la misma: embustera, falsaria, sofista.

F.F.- ¿La poesía sucede? ¿La poesía es experiencia? ¿La poesía es?

F.M.- Si uno piensa en la poesía como una religión, como un suculento salto más allá de todo, como una droga, ah… La poesía no es nada. La poesía es un arma mortal en las manos de los malos poetas. ¿Por qué todo esto? Todos piensan en la poesía como una salvación. Tontos.

F.F.- En la poesía contemporánea está muy presente una atmósfera de tristeza, nostalgia y desolación. ¿Por qué y por quién sufre la poesía? ¿Qué es lo que aflige a la poesía? ¿Qué es lo que entristece tanto a los poetas?

F.M.- Es una lectura deficiente de la poesía actual. Hay un estado permanente de abrupto o de desfallecimiento en toda poesía. ¿Feliz? Todo en nuestra vida se ha convertido en puntos de mercado. Ya no hay una vida espontánea. Toda la vida bajo la expansión de las maneras. Es nuestra vida. Bajo la expansión de todo que no se mueve. Es nuestra vida.

F.F.- ¿Qué obsesiones o gustos personales persigue en sus poemas?

F.M.- El infierno en que nuestra vida se desfigura. Creo que toda mi poética tiene que ver con la desfiguración. De que manera dejamos de ser.

F.F.- ¿La muerte constituye un motivo poético en su poesía?

F.M.- Hay siempre dos perspectivas envolviendo un tema de esa naturaleza: la aprehensión del concepto en sí y la experiencia particular. La muerte me toca más por este segundo plano, considerando que conviví con la pérdida de toda mi familia. Hubo allí un insight que hace aparecer lecturas de infancia, que despertó motivos, conexiones, etc. Naturalmente este ambiente se amplia, define toda una perspectiva estética, y hoy la muerte funciona como un motivo bien acentuado, considerando la perspectiva criminal que lastimosamente define a la sociedad humana.

F.F.- ¿Cuál cree usted ha sido el aporte fundamental de Floriano Martins a la poesía de nuestro continente?

F.M.- Me parece una cosa entre el buen humor y la obstinación, que serían mis trazos absolutamente incorruptibles. Del resto, hasta el Diablo duda.

 

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