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En el libro 33 Luminarias (1932) de José González Ginorio encontramos lo siguiente:
El único caso que he encontrado de grupos secretos de apariencia masónica que tuvieran talleres al aire libre es el de los carbonarios ya que, como señala José A. Ferrer Benimeli del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, ésta "se reúne siempre en un templo cubierto y cerrado." ("Léxico masónico"). "Masonería Forestal" la llama Hutin en Les Societés Secrètes (1952) y de "asambleas en bosques y cuevas" las caracteriza Gwilyn Griffith en Mazzini: Prophet of Modern Europe. Según Mariano Soler, primer obispo de Montevideo, "el carbonarismo es el poder ejecutivo de la orden masónica, o como dice el honorable Luis Blanc, la parte militante de la francmasonería." Según Félix Navarrete los carbonarios son sucesores de los jacobinos franceses y fueron llevados a Italia por oficiales del ejército, aunque la opinión generalizada es que fuera un tendencia que luego de nacer en Italia fue introducida a la Gran Logia Francesa hacia 1820. (Félix Navarrete, La masonería en la historia y las leyes de México, 1962). Entre sus preceptos se establecía que:
De evidente tendencia anarquista con Giuseppe Mazzini (que se hace carbonario en la Logia Esperanza en 1827) serán los principales responsables de la desarticulación de los estados pontificios y la posterior unidad italiana de 1870. Sus propósitos nunca estuvieron limitados por fronteras nacionales. El compromiso con el revolucionismo violento e internacionalizado incluía la necesidad práctica de la creación de una Liga de las Naciones reunida en un Concilio Internacional como primer paso, para liderear un levantamiento simultáneo en los países europeos. En Francia, los carbonarios franceses se fundieron con las sociedades revolucionarias que organizaron el movimiento que culminó en el establecimiento de la Segunda República en 1848, iniciación política de Betances según él mismo lo declara. Sabemos que el tema de la esclavitud es el primer gran tema de la vida política de Betances. En una carta que dirige a don Federico Degetau le recuerda que desde 1856 se había formado en el oeste de la Isla "una sociedad secreta abolicionista, con riesgo para los socios de la vida", por la que sería expulsado del país en 1858. Si al morir su madre en febrero de 1837 (teniendo Betances 9 años) su padre, Don Felipe, designa a la familia Prévost-Caballiery, quienes tenían residencia en Grisolles (25 kilómetros al norte de Toulouse), para que se hicieran responsables del niño cuando fue enviado a estudiar al sur de Francia, el inicio y desarrollo de la idea revolucionaria solamente podría explicarse desde las relaciones con su familia antes de salir hacia Francia o desde las experiencias durante sus años de estudio. Para analizar ambas posibilidades debemos recurrir a documentos de un período posterior. En el segundo texto de la serie que Betances publica en la Revue Diplomatique con el título de "La Revolución Cubana: los filibusteros de París "incluye una horrorosa descripción que no es aludida por sus biógrafos, a excepción de Carlos Rama. Refiriéndose al general Weyler dice:
Las relaciones de la familia Betances con el ideal independentista y la masonería de República Dominicana se pueden ir evidenciando a través de varios documentos. Veamos algunos. Ya hemos mencionado que un tal Luis Betances aparece firmando la manifestación de la separación de la República Dominicana de 1844, junto a los fundadores de La Trinitaria. En un artículo del Evening Post de Nueva York del 2 de septiembre de 1854, se publica una lista de lo que llamaba el origen de las principales personalidades del gobierno y el ejército de la República Dominicana con el propósito de desmentir el predominio de blancos que se había invocado en varias ocasiones. Allí se menciona al "Coronel Bruno Betance, mulato: hijo de Mauricio Betance, un esclavo de la familia Betance quien emigró a Puerto Rico en 1801." Este dato verificaría la hipótesis que Jacques Gilard le adjudica al Dr. Carlos Rama en la que se propone que la familia Betances llegó a Puerto Rico durante el período de la intervención francesa. De tal forma tanto el Pedro Betances que se menciona en el artículo de la Revue Diplomatique como el Luis Betances que firma el manifiesto de separación de 1844, o son partes de la familia que permanecieron en la República o esclavos libertos por las declaraciones de abolición de 1801 ó 1822. No he podido documentar la continuidad de estas relaciones con su tierra de origen sino hasta 1840. En enero de ese año don Felipe Betances acude con 19 testigos ante el tribunal de Mayagüez para acreditar la limpieza de sangre de la familia para así facilitar la boda de su hija mayor, Ana María, con don José Tió. Por consecuencia, la partida de bautismo de Ramón Emeterio se trasladó del libro de pardos al libro de blancos. La mayoría de los 19 testigos eran dominicanos, evidencia de que en Mayagüez mantenía los lazos con sus compatriotas, precisamente en el momento en que se fraguaba el movimiento de separación de la República Dominicana de Haití. Por otra parte, no hay duda de que, al menos el padre de Betances fuera masón. En una carta del 30 de marzo de 1879 a su hermana Demetria, además de lamentar que el padre se viera obligado a negar la "sangre africana de la familia" añade:
Qué conocimiento haya podido tener el pequeño niño del ideario masónico del padre es muy difícil de verificar, sino imposible. Sin embargo, sí podríamos afirmar cierto sentimiento antieclesiástico que "el Antillano" mencionaría en varias cartas tempranas. Varios son también los documentos en los que se evidencian las relaciones de Betances con los revolucionarios que se levantan en contra del Decreto de Anexión de la República Dominicana a España firmado por el general Pedro Santana. En una carta al Dr. Francisco Basora fechada el 4 de junio de 1861 nos enteramos de su estadía durante ese año en Puerto Plata. Al regresar a Puerto Rico, en 1862, Betances se incorpora a los grupos dominicanos que conspiraban, mayormente en la costa oeste de la Isla y, según Salvador Brau, presto fue la casa del doctor Betances señalada como cenáculo donde se congregaban los apóstoles de una doctrina anti-española a la que no faltaban prosélitos ojalateros en nuestra Isla. No debemos olvidar su amistad con el padre Meriño y la posibilidad de que haya conocido a José María Serra, quien vivía exilado en Mayagüez desde 1852. Certifica Ojeda Reyes que serán los servicios privadamente prestados a la república hermana durante la Guerra de Restauración lo que motivará el segundo destierro de Betances en 1864. Las relaciones con el carbonarismo francés son más evidentes. En la Revue Diplomatique del 10 de octubre de 1897 declara:
En la colección de la revista La Republique Cubaine, bajo el título de "Banquete de los revolucionarios", se reproduce íntegro un discurso de los detalles de su formación anterior. Jacques Gilard descarta la posibilidad del desarrollo de una idea revolucionaria antes de que llegara a París por lo que le adjudica un papel determinante a las relaciones masónicas del padre. Sin embargo, hay varios datos que pueden ser verificados y arrojan algo de luz sobre esta posibilidad. El mismo Gilard señala que desde el siglo XVIII existía una notable actividad masónica en Grisolles, en donde residían los protectores del joven estudiante. Los hermanos Le Franc de Pompignan, a 3 kilómetros de Grisolles, mantenían activa la logia Perfecta Unión y la mayoría de los funcionarios de la ciudad eran también masones, aunque tanto la familia Prèvost-Caballiery como la familia Lamire de Mennecy, pueblo cercano a París donde se hospedaría María del Carmen (Lita) en 1859, si masones, debieron haber pertenecido a obediencias conservadoras que dominaban al sur de Francia. Debemos, entonces, recurrir nuevamente a documentos de fechas posteriores. En una hoja suelta impresa en forma de proclama que Carlos Rama localizó en los "Fondos Schoelcher" de la Biblioteca Nacional de París, Betances menciona a Louis Blanc y Víctor Schoelcher entre "aquellos hombres cuyo noble corazón acoge todas las ideas grandes y bellas". Posteriormente, en un texto del 4 de Betances en el que afirma:
Si Betances señala el 1848 como el año del inicio de su acción revolucionaria tenemos que perseguir Histoire de Dixans en 1846 en el que reseñaba los intentos revolucionarios en Francia entre 1830 y 1840. Podemos también suponer que Betances conocía el libro de Phillippe Michel Buonarotti (1761-1837) que se había convertido en una especie de manual para los revolucionarios europeos entre 1830 y 1848. Con ellos Augusto Blanqui (1805-1885) contaba también con grandes simpatías entre los partidarios de la acción revolucionaria de 1848, especialmente entre el estudiantado de París. Tanto Paul Estrade como Ojeda Reyes concluyen que la estructura organizativa para la lucha abolicionista y la revolución de Lares eran de carácter blanquista. Al menos podemos verificar la simpatía de Betances por el Comité Revolucionario Central, de tendencia blanquista, y del que se desarrolla el Partido Socialista Revolucionario. A pesar de la oposición del Comité Cubano de París, participaron en varias reuniones de solidaridad con Cuba entre 1896 y 1897: el 28 de diciembre de 1896 en la Sala Pétrelle, el 5 de enero de 1897 en el Tivoli-Vaux Hall y el 21 de enero de 1897 en una reunión de los blanquistas del distrito 15 de París. Sin embargo, no hemos encontrado ninguna mención de Blanqui en documentos de Betances, ni antes ni después de 1868. Y, como es evidente, la tendencia insurreccionalista y la táctica de las sociedades secretas eran estrategias comunes entre las organizaciones de apariencia masónica y los carbonarios que Betances había conocido mucho antes de su iniciación en la Unión Germana o su ingreso en la Logia Yagüez. Más bien parece ser que las experiencias del estudiante en Toulousse y París le otorgan un fundamento teórico y una estructura práctica definitiva a los ideales que había heredado de las relaciones de la familia con masones, independentistas y abolicionistas de la República Dominicana y entre los emigrados a la zona oeste de Puerto Rico. La primera ocasión que Betances menciona la Confederación de las Antillas es en la proclama "Patria, Justicia y Libertad" del 16 de julio de 1867, que sería publicada en Nueva York el siguiente primero de septiembre y luego en La Patria, periódico masónico liberal de Colombia (2 de noviembre). En Hispanoamérica la idea tenía ya bastante historia. Hacia 1802 el Abate Pradt sugería una América emancipada y organizada en 14 estados confederados. Sucesivamente, con algunas variantes, había sido sugerida por José Álvarez Toledo en las Corte de Cádiz en 1811; por Simón Bolívar en 1814 ( Carta de Jamaica) y en el proyecto encargado a Bernardo Monteagudo como base para el Congreso de Panamá (1826); por O'Daly (diputado a Cortes), quien propuso una organización de las colonias españolas de América en cuatro centros confederados, y posteriormente una Confederación para Puerto Rico, Cuba y República Dominicana; por Alejandro von Humboldt en la llamada "Confederación africana de los estados libres de las Antillas", sugerida en su Ensayo Político sobre la Isla de Cuba (1826), y por Eugenio María de Hostos en La Peregrinación de Bayoán (1863). Sin embargo, algunos de estos proyectos sugerían una confederación sin independencia y otros no pasaron de ser una idea. Para Betances, en cuanto que estrategia fundamental para la liberación política y como garantía de la independencia económica, era un elemento necesario del proyecto revolucionario. Hay evidencia documental de las intenciones de Betances y Gregorio Luperón de establecer en la República Dominicana y Haití la base concreta para su formación. Así se establece, por mencionar un ejemplo, en las cartas que el general Boom llevaba a Nissage Saget y que fueron interceptadas por Salnave en 1869 en Puerto Príncipe. Hemos demostrado que la idea de una Confederación de julio de 1876 titulado "La cuestión cubana o la esclavitud y la trata en Cuba ", incluye una cita de Mazzini sobre Gallenga, enviado a Cuba por el Times de Londres, y que Betances transcribe en italiano sin traducirla al francés. Un último caso. En el ensayo que inicia la serie sobre la revolución cubana en la Revue Diplomatique, aparece un artículo titulado " Conversaciones con el Dr. Betances ", firmado por un cronista con iniciales J. M., vuelve a citar a Mazzini del libro L'Italie, l' Autriche et le Pape que había sido publicado en París en 1845. Víctor Schoelcher, redactor de la proclama de libertad de los esclavos, otorgada durante la Segunda República Francesa, había estado en Puerto Rico en 1841 y más tarde conoció a Betances con quien colaboró en la preparación de la introducción a la obra de Jules Auguste, Los detractores de la raza negra y la república de Haití , de 1882. Después de su primer viaje a las Américas Schoelcher publicó en 1830 cuatro cartas en el Revue de París en las que abogaba por el cumplimiento de la ley que prohibía la trata de esclavos africanos. En 1840 Schoelcher regresa comisionado a las antillas para explorar la forma de realizar la emancipación. A su regreso a Francia publicaría en 1842, Las colonias francesas; abolición inmediata de la esclavidad ; en 1843, Colonias extranjeras y Haití; y en 1851, el ensayo "La insurrección de Cuba y los Estados Unidos", motivado por la participación de esclavistas del sur de Estados Unidos en la invasión de Narciso López. En qué momento pudo Betances haber conocido el ideario de Mazzini y Blanc es más difícil de determinar. En el caso de Mazzini tiene que ser antes de 1875 ya que hacia esa fecha lo cita en una proclama: "La hora ha sonado; la medida está colmada". En el caso de Luis Blanc, éste había publicado su Naciones independientes estaba presente como necesidad política en los proyectos de Mazzini y los carbonarios. Por otra parte, la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, con ramificaciones en Filadelfia y Nueva Orleans, (donde había centros masónicos comprometidos con la independencia de las Antillas) establecía entre sus estatutos la independencia de ambas islas y la consiguiente confederación entre las Grandes Antillas. El discurso pronunciado por Betances en La Gran Logia de Puerto Príncipe (1870), tantas veces citado, que comienza diciendo: "Formemos todos un pueblo de verdaderos masones y entonces podremos elevar un templo sobre bases sólidas..." para terminar con: "Templo en cuyo frontispicio grabaremos esta inscripción imperecedera, como la Patria: las Antillas para los Antillanos", no deja de mostrar el conocimiento que tenía "el Antillano" de la disposición ideológica de la masonería hacia el establecimiento de una comunidad fraternal universal que Betances interpreta en términos políticos y económicos. Tenemos otros ejemplos que muestran que el proyecto iba más allá de una mera idea. De acuerdo a una carta de Betances al Presidente de la Sociedad de Artesanos de Cayo Hueso del 12 de septiembre de 1874 le informa sobre la Liga Antillana fundada con Luperón en París. Igualmente había propuesto a Gladstone, primer ministro inglés, una confederación en la que se incluía a Jamaica y solicitaba de Inglaterra las garantías necesarias. Parece sumamente interesante que Pérez Moris, quien constantemente, desde el Boletín Mercantil, había arremetido contra la masonería boricua y se regocijaba cada vez que sorpresivamente eran clausuradas las logias, al referirse a las juntas revolucionarias pudiera decir que:
Dos años más tarde, en 1874, José Laureano Sanz, con lo que me parece sea una interpretación más certera, escribía al Ministro de Ultramar lamentándose de que su " obra regeneradora de gobierno se veía coartada por el poder del separatismo, encarnado en las logias masónicas, que ejercen un terrible poder sobre los espíritus tímidos y apocados. (Citado por Lidio Cruz Monclova del Archivo Histórico de Madrid, Sección Ultramar, legajo 5113). La influencia y uso de la estructura administrativa masónica sobre la logística del movimiento revolucionario de Lares es evidente. Aunque no es nuestro propósito en este trabajo, ya que han sido suficientemente comentados, destaquemos brevemente algunos de los aspectos más sobresalientes, por lo obvio. En el documento titulado " Reglamento formado por nosotros los fundadores de la Asociación para la libertad e independencia de la Isla de Puerto Rico ", que se ocupó al presidente de la Sociedad Lanzador del Norte, se especifica que la Asociación constará de hermanos, priores y maestres. Hermano es el apelativo que identifica al masón prescindiendo del título del rango que ostenten. Maestre identifica a la suprema autoridad de una obediencia. Al cualificar a los hermanos señala que serán "hombres de buena vida y costumbres", requisitos indispensables establecidos en la Constitución de Anderson. El juramento revolucionario se hacía en una iniciación en presencia de cuatro hermanos sobre el libro de los evangelios. Informa José Ferrer Benimeli refiriéndose a la iniciación del nuevo masón:
El hecho es significativo si tomamos en cuanta la actitud antieclesiástica que puede verificarse en varias cartas de Betances. El reglamento informa que "cualquier hermano que haya proporcionado a la Asociación el ingreso de otros diez será reconocido como prior". Según se describen sus funciones sería éste un cargo análogo al de "Venerable Maestro" encargado de dirigir los trabajos de la logia, en este caso, de la sociedad secreta, y que estaría a cargo de los hermanos de su jurisdicción. Tres priores reunidos en cualquier partido acordarían entre sí el nombramiento de un maestre. Esta base ternaria coincide con la de La Trinitaria y resultaba ser también la de la estructura general: Comité, juntas en los pueblos y legaciones en los barrios. Ya hemos señalado la posibilidad de su origen en la masonería simbólica o azul. Pérez Moris identifica el alfabeto y contraseña manual usados por los miembros de las sociedades secretas. El alfabeto estaba basado en un sistema de puntos y rayas que imita el masónico descrito por Boucher reproducido por Hutin. En el caso de las vocales hay una total coincidencia. Tienen también los francmasones un modo de reconocimiento manual y una señal de apuro que les permite llamar a sus hermanos en caso de emergencia. Aunque esto último no lo hemos encontrado en el caso de las juntas o legaciones en Puerto Rico sí está presente, como lo hemos descrito, en el caso de La Trinitaria en República Dominicana. Hay otros signos más evidentes. Hijos de la razón en Humacao; Modestia y Unión y Fraternidad en Ponce. Nunca estuvieron desligadas del movimiento separatista. En marzo de 1897 el gobernador don Sabas Marín González dirigió un oficio a los alcaldes para que clausurasen las logias masónicas por estar relacionadas con el movimiento revolucionario en Yauco. Nunca abandonó Betances su filiación masónica. Hacia 1895 participaba en la Logia del Gran Oriente de Francia según se lee en cartas de Mestre Amábile a Estrada Palma del 2 y del 21 de diciembre. Lo seguiría siendo hacia 1898 de acuerdo a una carta de Betances a Estrada Palma del 6 de mayo. Al presentarle al Dr. Falco dice:
Vestido de negro, tal vez emulando a Mazzini que así lo pedía como símbolo de luto por el país, tampoco abandonaría nunca el proyecto que a finales del siglo se desvanecía: la Confederación Antillana de naciones independientes. |
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