Según Troncoso Sánchez los "Soles y Rayos de Bolívar" le servirá de inspiración a Juan Pablo Duarte para la creación de "La Trinitaria" en 1838, genitora de la República Dominicana. Así también lo certifica Félix María Delmonte de acuerdo a las declaraciones de Alfau Durán. (Troncoso Sánchez: "La Trinitaria en perspectiva americana", Boletín del Instituto Duartiano , Año VIII, #12, 1975; Delmonte: "La Trinitaria y sus nueve miembros fundadores", Boletín del Instituto Duartiano , #6 y #7, 1976). Sin embargo, podemos verificar en las Notas autobiográficas y apuntes históricos de Gregorio Luperón, que al referirse a la masonería durante la Guerra de Restauración,
Según la evidencia que proporcionan Juan Balcácer y Manuel García (La independencia dominicana, MAPFRE, 1992) en los planes para la creación de La Trinitaria, Juan Pablo Duarte señala lo siguiente:
De tal manera se instala la sociedad secreta el 16 de julio de 1838, día del Carmen, en casa de doña Josefa Pérez de la Paz, doña Chepita. Es interesante mencionar que los códigos de secretividad fueron tan estrictamente guardados que aún hoy en día se hace difícil determinar su composición original, el juramento, el alfabeto criptológico y los nombres secretos. Don Emiliano Tejera habla de una doble lista de juramentados (18) y Martí menciona 29 fundadores de La Trinitaria y la Filatrópica. (" Las antillas y Baldorioty de Castro ".) Es también importante establecer las posibles relaciones de la sociedad secreta dominicana y grupos de apoyo que se fundaron en el oeste de Puerto Rico. Entre 1863 y 1865 el padre Fernando Arturo de Meriño, amigo de Betances, fue nombrado Vicario Foráneo de Mayagüez. José María Serra, uno de los fundadores y autor del opúsculo citado, estaba casado con María del Carmen Luna, hija del puertorriqueño Gabriel de Luna, uno de los febreristas. Tenemos evidencias adicionales desde las que podemos establecer las estrechas relaciones entre los movimientos de emancipación de la República Dominicana y Puerto Rico. Fernando Serra, hermano de José María, estuvo exilado en Puerto Rico gran parte por De Miranda pero se aleja del original masónico de Anderson. En términos generales tendríamos que aceptar que La Trinitaria, más que una sociedad secreta iniciática es, según lo define Lantoine, una secreta política que para disimular su actividad adopta un ritual y jerarquía análogos a los de las iniciáticas y que su constitución tiene más que ver con el catolicismo que con la masonería. (Lantoine. Les Sociètés actuelles en Europe et en Amèrique, París, PUF, 1940). Su estructura similar a la de los "Soles y Rayos de Bolívar" y la utilización en Cuba hacia 1850 del pronunciamiento de los trinitarios por Isidoro de Armenteros, como parte de la cadena masónica que menciona Portell Vilá, son, sin embargo, algunos de los elementos que la acercarían a los métodos de la sociedad iniciática. La organización o compartimentación de los miembros en una base triple, que según la Constitución de Anderson es un tipo de agrupación de inferior categoría, podría hacer referencia al triángulo o Delta luminoso (símbolo de la Divina Trinidad) lo que no contradice la interpretación tradicional al establecer las relaciones entre la Iglesia Católica y la formación de la República. La utilización de un nombre secreto (se conocen cuatro de los nueve), los toques de comunicación y la existencia de un alfabeto criptológico, son también elementos existentes desde un principio en la masonería francesa que según José Antonio Ayala fue introducida al Caribe hispano por emigrantes haitianos en los albores del siglo XIX. No he podido hasta este momento encontrar documentos que muestren en qué consistía el alfabeto criptológico o los toques de comunicación, detalles que sí podemos verificar fácilmente en el caso de la preparación para el Grito de Lares ya que lo informan Pérez Moris y Cruz Monclova. Emilio Rodríguez Demorizi certifica que no se conserva ningún acta de los trabajos de La Trinitaria, aunque por los nombres claves identificados, se supone que estaban tomados de la historia de Roma. También sabemos que el nombre en clave de La Trinitaria era un triángulo formado por nueve asteriscos distribuidos en tres tríades. (Emilio Rodríguez Demorizi: "Fundadores de La Trinitaria", Revista Clío, # 86). No he podido tampoco verificar las posibles relaciones entre La Trinitaria y la Gran Logia de Santo Domingo, a la que estarían afiliadas, como lo hemos comentado, la Unión Germana y la Yagüez. Sin embargo, en su momento aventuraré una especulación sin evidencia basándome en las semejanzas y en ocasiones, casi identidad entre los estatutos, estructura, organización y juramentos de las juntas revolucionarias, las logias en las que participaron Betances y Ruiz Belvis y los de La Trinitaria. La investigación sobre los orígenes y desarrollo de la masonería en Puerto Rico durante el siglo XIX tiene que basarse en fuentes externas por dos razones básicas: la documentación depositada en el Archivo de la Gran Logia empieza en 1887 y a lo largo del siglo hubo varias ocasiones en que para conservar el anonimato se destruyó la documentación disponible. De otra parte, en cuanto que las logias eran provinciales, si existieron los informes, estarían depositadas en los archivos masónicos de República Dominicana, Haití, Cuba, Filadelfia, Nueva Orleans y España. En Coll y Toste se evidencia que entre 1808 y 1815 se fundaron logias en San Juan, Ponce y San Germán. En el ensayo "Los embriones" de Salvador Brau, quien había pertenecido a una de las sociedades abolicionistas, se afirma que:
Añade Brau:
Los nueve miembros fundadores de La Trinitaria, polémica que ya ha sido aclarada, fueron: Juan Pablo Duarte (Arístides), José María Serra, Juan Isidro Pérez, Jacinto de la Concha, Félix María Ruiz, Felipe Alfáu (Simón), Benito González (Leonidas), Pedro Alejandrino Pina y Juan Nepomuceno Ravelo (Temístocles). Entre las firmas que enumera Luperón al comentar la " Manifestación de los pueblos de la parte del Este de la Isla antes Española o de Santo Domingo " del 16 de enero de 1844, además de las de aquellos fundadores de la Sociedad, aparece la de un tal Luis Betances. Es Duarte el que prepara el juramento de la Sociedad Secreta:
Nuevamente, el contenido de este juramento sigue el modelo del redactado del oeste tenían valiosas bibliotecas particulares. Una de estas bibliotecas era la de Don Felipe Betances. José Marcial Quiñones, hermano de Francisco Mariano Quiñones, afirma:
Por varios medios podemos verificar la importancia del ideario masónico en el desarrollo del movimiento separatista durante los primeros 30 años del siglo XIX. En 1824 el Papa León XII, a petición de Fernando VII, emite el 24 de septiembre la encíclica Etsi iam div que se leería en Puerto Rico conjuntamente con una Carta Pastoral del Licenciado don Nicolás Alonso Andrade, deán del Cabildo Catedralicio. En la pastoral el problema de las sociedades secretas es tema central y se hace referencia a las logias que existían en 1814 y a la medida de De la Torre que disolvía, en 1823, "en nombre de la paz y la circunspección las agrupaciones de francmasones y las sociedades secretas políticas". Nótese, sin embargo que el gobernador establecía una distinción entre ambos tipos de sociedades. En la encíclica se usaba como fundamento la de Clemente XII, In Eminenti (24 de abril de 1738) en la que se declaraba la excomunión "ipso facto" del que ingresara en logias masónicas. El tema también había sido tratado en la Providas de Benedicto XIV (18 de mayo de 1751) y en la Ecclesiam a Iesu Christo de Pío VII (13 de septiembre de 1821). Si partimos de lo mencionado en la Etsi longissimo de Pío VII (30 de enero de 1816) en la que se hace mención de que en medio de los disturbios se haya conservado el amor al orden y la tranquilidad, tenemos que inferir que la mayor actividad de los primeros grupos masónicos en Puerto Rico tendría que haberse hecho notar entre 1816 y 1824. Esta hipótesis se hace más plausible si tomamos en cuenta que la Etsi longissimo llega a la Isla acompañada de una Carta Pastoral del Obispo don Francisco Mariano Rodríguez de Olmedo quien había redactado el Manifiesto de los Persas en el que se había apoyado Fernando VII para legalizar el fin del período constitucional y que debía conocer a la perfección las posibles relaciones entre masonería e independencia. (Arturo Dávila. Las Encíclicas sobre la Revolución Hispanoamericana y su divulgación en Puerto Rico, 1965. Leandro Tormo, Historia de la iglesia en América Latina: la iglesia en la crisis de la independencia, 1961). Al momento, Fernando VII estaba también muy bien enterado de esta posible reacción. En sus papeles reservados hay varios tomos sobre sociedades secretas, según informa Manuel Moreno Alonso, y existe el Decreto Real del 24 de mayo de 1814, en el que se prohibían las asociaciones clandestinas y se acusa a la masonería de ser "el origen de las convulsiones políticas que han afligido a muchos reinos del mundo." (Manuel Moreno Alonso, " La Represión de la masonería por Fernando VII "). Aunque existe un absoluto silencio documental sobre los años que siguen al 1824, sí sabemos que las logias en Puerto Rico estarían afiliadas o a la República Dominicana o a Cuba, y que a su vez se establecieron bajo la obediencia de las organizaciones masónicas de Filadelfia, como lo evidencia Philip Foner, en su Historia de Cuba y sus relaciones con Estados Unidos, al señalar las acusaciones, en 1822, de España a las organizaciones masónicas de Filadelfia por incitar la revolución en Cuba a través de la masonería. |
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