El 15 de septiembre de 1935, en una disertación por radio con la que se celebraba el jubileo de oro de la Gran Logia Soberana de Libres y Aceptados Masones de Puerto Rico, Don Baldomero Badillo Bello, bajo el significativo título de "La masonería excluye la política, pero incluye la Patria ", afirmaba lo siguiente:
Al publicarse la emisión radial, González Ginorio añade:
El particular interés de estas declaraciones es doble. De una parte, por la importancia que la propia masonería se adjudica en los procesos políticos del siglo XIX, y de otra, por la continuidad y permanencia de un proyecto ideológico hasta la primera mitad de nuestro siglo. Esta postura no es novedosa. Con mucha facilidad, aunque a veces no con tanta razón y evidencia, se dice que en América Latina se hermanaron liberalismo, revolución y masonería. Sin embargo, afirmar que la masonería se volvió revolucionaria -- y por ello --, en abierta oposición a los principios básicos enunciados en la Constitución Masónica de Anderson de 1723, exige una explicación cuidadosa. Tampoco lo es, como lo señala el doctor Curet al reseñar el libro de José Antonio Ayala (La Masonería de obediencia española en Puerto Rico en el siglo XIX) el decir que "Betances y gran parte de los líderes independentistas antillanos fueron masones." ( Punto y Coma. ) Lo que sí es sorprendente, continúa diciendo, es que "a pesar de los claros indicios de los vínculos entre la masonería y el ideario político en la Isla, no se haya explorado y analizado rigurosamente esta conexión". En el caso de Betances, aunque su filiación masónica está suficientemente evidenciada, no es así el caso en lo que se refiere a la influencia que pudo haber ejercido esta filiación en el origen y desarrollo de su ideario político antillanista, ni en lo que se refiere a la organización logística del movimiento revolucionario en Puerto Rico. No hay duda que en 1866 ingresó en la Logia Unión Germana de San Germán. Entre sus miembros, certifica Félix Ojeda Reyes:
Sin embargo, esta explicación del origen de la Logia Yagüez contradice la evidencia presentada por Lidio Cruz Monclova, según quien, y de acuerdo al Boletín Histórico de Puerto Rico, aparece entre las fundadas entre 1808 y 1815 bajo la influencia de la inmigración venezolanaa la Isla. También deja sin explicar las razones por las cuales solamente "obtiene la adhesión de varios de ellos" para entonces fundar la Logia Yagüez. Con el paso del siglo se hace más difícil aclarar este asunto si suponemos, como puede verificarse, que hacia 1866 existían en Puerto Rico tres grupos de obediencias masónicas: las afiliadas a los cuatro grandes orientes de España (de política asimilista), las adscritas a la Gran Logia de Colón de Cuba (el caso de la "Adelphia" de Mayagüez que se independiza de esta filiación cubana en 1885 para constituirse en Gran Logia Soberana de Libres y Aceptados) y las que se fundaron bajo jurisdicción de la Gran Logia de Santo Domingo, que será el caso de las Logias Unión Germana #8 y Yagüez #10. (Pedro Sánchez Ferré: "Masonería y colonialismo"; Mario Cancel: Segundo Ruiz Belvis. El prócer y el ser humano.) Testifica el doctor Curet que es muy poco lo que puede saberse sobre estos grupos masónicos en Puerto Rico. La más antigua de la que se conserva documentación es la Adelphia de Mayagüez, fundada en 1870.
Sea suficiente este preámbulo para sugerir que al intentar demostrar la posible influencia de la filiación masónica de Betances --como se ha pretendido continuamente-- sobre su ideario político hay que investigar tres vertientes básicas: primero, ¿hubo o no hubo una radicalización de la masonería en Hispanoamérica y, específicamente, en las Antillas antes de 1865?; segundo, ¿qué relaciones existieron entre las logias masónicas de Puerto Rico y los grupos de la República Dominicana, Haití, Cuba y St. Thomas?; y tercero, ¿cómo y con cuál rito y obediencia se relaciona Betances inicialmente y cómo evoluciona esta filiación? Esta última vertiente, por cierto la más importante, ha tomado mayor relieve entre los estudiosos de Betances desde la aparición en 1994 del libro de Frank Fernández: La Sangre de Santa Águeda: Angiolillo, Betances y Cánovas, desde el cual [véase por ejemplo la reseña para Exégesis de José M. García Leduc.] se cuestiona lo que Ojeda Reyes y Paul Estrade llaman "extraordinaria afición a los métodos de lucha postulados por Louis Auguste Blanqui." (Ojeda Reyes: La manigua en París, y Paul Estrade: La colonia cubana en París). Dada la ascendencia dominicana de Betances, el posible afrancesamiento del apellido (Betanzos en el original), y el hecho, que hemos comentado, de que las logias Unión Germana y Yagüez se fundaron bajo la jurisdicción de la Gran Logia de Santo Domingo, lo que se pueda evidenciar sobre las relaciones de los Betances con la masonería en Santo Domingo y Haití será tan importante como lo que podamos conocer sobre los posibles primeros contactos del joven estudiante en Toulousse y París con la masonería, el carbonarismo, el blanquismo, el socialismo y el anarquismo. Con estas relaciones como hilo temático, en lo que sigue, examinemos las tres vertientes sugeridas. |
||
Oscar G. Dávila del Valle. Puertorriqueño. Actualmente es profesor en el Departamento de Humanidades de la Universidad del Sagrado Corazón. Publicado em: http://www.alephermes.org/Hostos/masoneria_PR.html |
||